jueves, 31 de diciembre de 2009

La castañera de Jaume Segarra

Hay recuerdos que sólo se almacenan en blanco y negro. El tiempo pasa, y la memoria resguarda su espacio rechazando lo menos útil, que muchas veces es el color de la nostalgia. Cuando no coloreamos arbitrariamente las imágenes del pasado, directamente vienen a vernos en infinitos tonos grises, matizados de albar y azabache al gusto o a la necesidad.
También puede suceder que la irisación de lo recordado, sea la orden de una fotografía desteñida, casi sepia, notaria de lo que fueron un tiempo y un lugar ya lejanos.
Como la niña de la película de Spielberg, yaciendo sobre cadáveres en blanco y negro, vestida con su caperuza roja, el aroma amarronado y cálido de las castañas en pleno mes de enero, sobresale cromado sobre las manos encallecidas que las mareaban en el tambor, aguardando el color perfecto de lo asado con afecto. El cartón paría calor de castañar con que aliviar el frío del invierno. Su carne saciaba el hambre, hija de jaques y mates, tras horas y horas de dura partida, disputada tras los cristales empañados desde los que divisar a la anciana castañera. La lluvia no la acobarda. Ni la calle llena de compras navideñas, o vacía de cuesta de enero. Ella espera. Dos jóvenes, siempre, dejarán los diez duros sobre su mano, esperando el agasajo que les haga más corta y llevadera la caminata hasta la Estación. Ora de trenes, ora de autobuses, dependiendo de la hora. Llegarán a puerto, cercana la medianoche. Ahitos de ajedrez y castañas. Casi treinta años después, al pasar frente a la fachada de la Iglesia Bautista, aún nos espera aquella mujer, mirándonos como un abrazo, mientras llena el cucurucho de papel con el pulso renqueante, y feliz de que, pasado el tiempo, igual que en un cuento de Anderssen, nuestro recuerdo la devuelva, siquiera por un instante, al lugar que le pertenece.
Feliz año nuevo, 2010

jueves, 24 de diciembre de 2009

Recapitulación y Apocalipsis.

En estos días, tan propicios a la nostalgia y al recuerdo, cuando uno se siente tentado a la recapitulación, mi mente y mi ánimo andan ocupados en rememorar los lugares recorridos en pos del ajedrez. Hogares de tableros y piezas, con la hora siempre presta a ser iniciada hasta la banderita final, que me acogieron hospitalariamente, en unos como visitante recogido, en otros entrando en casa propia. Perdí mis primeras partidas a las faldas del Casino de Novelda, cuando corría el año 1977 y hubo que buscar mayor motivación que los encuentros escolares, casi siempre limitados a rivales condiscípulos de aula y maestro. Pasó el tiempo, y al solitario Casino se le unió el recién Escacs Novelda, allá por el año 1987, oficialmente, 1981 de trastienda en trastienda, organizando el célebre Campeonato Local de Ajedrez. Ambas fueron y son mi casa. Las gobierne quien las gobierne, independientemente del acierto de cada dirigente, o de la actitud de cada uno. Casino y Escacs son orgullo de noveldenses, y ambos dedicados, como así dicen sus estatutos, al fomento y práctica del ajedrez. Intereses gastronómicos, enológicos o similares, tienden a confundirse con un supuesto afán de camaradería, y a suplantar el verdadero objeto de las ayudas recibidas, que no debe ser otro que la práctica y difusión de nuestro juego. Me satisface presumir que ninguno de los dos clubes de nuestra ciudad se distrae de lo verdaderamente importante, y en ambas se me ha permitido colaborar en el objetivo, y compartir el profundo amor por el ajedrez que sienten todos sus componentes.
En efímeras temporadas, Aspe (1985), Sax (1988) y Castalla (1998) me acogieron en sus casas, como nómada emigrante, necesitado de auxilio. Mis gracias a todos ellos.
Ahora ando embarcado en otras naves: por un lado, colaborando con el nacimiento de un nuevo club, CA Aspe, en el que tienen puestas sus ilusiones muchas personas a las que guardo un gran aprecio. Esto tiene fecha de caducidad, y no estará lejano el día en el que naveguen sólos, pero no a la deriva, pues manejan bien los aparejos. Uno tiene que ir soltando lastre, y no se puede abarcar el océano con un sólo abrazo.
Por otro lado, muevo trebejos al lado de mi hija, en el Club Escacs Enric Valor. Rodeado de juventud, que me contagia una alegría otrora olvidada. Donde siento que tengo algo que aportar, aunque sólo sea la experiencia de 40 años dando jaques, jugando en equipo. El ajedrez ha sido mi mayor educador, y ahora le devuelvo el favor, ayudando a los que vienen por detrás y que, sobre el tablero, ya saben mucho más que yo.
He encontrado buenas personas, que no me ponen en duda, algo a lo que no estoy acostumbrado. Entono un acto de contricción cotidiano, buscando culpas que justifiquen tanta suspicacia sobre mí y en mi casa. Me ampara el secreto de confesión, y no haré públicos mis pecados, pero la penitencia que algunos me imponen, raya el sadismo del silencio, el olvido o la ignorancia. Sólo por poner el ajedrez en primer lugar, sin pararse a pensar que tengo derecho a ello. Y no me refiero en primer lugar en mi vida, reservado a mi mujer y a mi hija, sinó en primer lugar de un club de ajedrez.
Me quedan muchas partidas por jugar. No sé cual será la casa dónde llevar blancas en los tableros impares, a lo largo de los años que restan por jugar. Sólo sé que seguiré buscando la jugada perfecta, el final único, el sacrificio inesperado. Ya no lucharé para que el ajedrez se conozca más o se juegue más o se aprecie más. Voy a practicar el egoísmo, como muchos otros. El tiempo que me queda, tomad nota, me lo guardo para mí y para mis reinas. Para aquellos, ni un minuto más.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

2009 ¡Feliz Navidad!

Me pregunto si en realidad, lo que debo hacer hoy es desearos unas Felices Navidades. O si anhelo verdaderamente que alguien, como una postal anónima, me las felicite a mí. Quizás debamos preguntarnos qué tal fue la cosa desde el último abrazo. Si los deseos surtieron el efecto esperado al expresarlos, acompañados de un gesto cómplice o tan sólo cortés. Con esto pasa igual que al ver la foto de una persona desconocida: uno se pregunta por su voz, de la que la imagen no da pistas. Al ir a tender la mano, con el Feliz Navidad a cuestas, me remuerde la conciencia no saber si en verdad fue todo así, feliz. Como si el Espíritu de las Navidades pasadas no me dejara dormir, y me convirtiera en un personaje malparado de los cuentos de Dickens, viajando de tiempo en tiempo, mientras mido las consecuencias de mis actos. De un gesto que, de otra forma, se convertiría en rutinario. Justo lo que tú no mereces. Porque el mejor regalo, no anda envuelto en papel y lazos de colores, amontonado en el trineo de nuestra imaginación. No nos sorprenderá cayendo por la chimenea, ni escondido en el calcetín o apoyado debajo del árbol luminoso. Toda esa magia, esa ilusión que recuperamos de la niñez, esas capas que nos quitamos de encima para asombrarnos de imágenes y sonidos que llegan con el frío, sólo sirven para que unas palabras, Feliz Navidad, obren el misterio que anida en el interior de cada uno, repitiéndonos, a pesar de los pesares, a cada minuto, la respuesta esperada: sí, soy feliz. Entonces, y sólo entonces, llegarán a mi voz las palabras repetidas:
Feliz Navidad a todos.

jueves, 17 de diciembre de 2009

La estrategia del riesgo III: Apariciones Marianas, primera parte.

Cuánto tiempo sin pasarme por aquí. Ha sido un año complicado, ajedrecístico y no ajedrecístico. Cierto que he jugado más que nunca. Y cierto que he completado algunas buenas partidas, pero tengo la impresión de haber actuado a empujones, compulsivamente, sobre todo ante el tablero, en algunas ocasiones en las que la calma me hubiera llevado por mejor camino que el ímpetu. Pero es que cuando la cabeza no anda serena, la mano se embala, y, a costa de la salud nerviosa de mis compañeros de equipo, he manejado los trebejos al borde del abismo en demasiadas ocasiones. He de reconocer que en varias de ellas, en el por equipos sobre todo, gocé de algunas apariciones Marianas, en las que alguna fuerza del cielo, o del más allá, inspiró a mis rivales la virtud de la caridad. Sí, de la caridad infinita. Hay una partida que, especialmente, me viene a la memoria:


Un servidor andaba bastante satisfecho con el final alcanzado, y viendo las partidas de mis compañeros, mi victoria suponía la del equipo. Entre los espectadores, el presidente, el vicepresidente, el MI Luis María Campos, y algún que otro incondicional.
Con la partida casi ganada, y algo así como 18 minutos en mi reloj, comencé a buscar el "remate perfecto". Mientras iba consumiendo mi tiempo, de vez en cuando miraba las caras de la concurrencia:

Están expectantes, pensé, seguro que ansían ver que maravillosa combinación se me ocurre. La realidad, la dura realidad, era otra. Sus mentes incansables, curtidas en mil batallas, rumiaban algo más concreto, alertadas por un fino sentido del peligro: A qué la cagas (con perdón)

Por supuesto. Tras consumir casi todo mi tiempo en buscar el rizo rizado, me ví con menos de un minuto y, en un subidón de adrenalina, conseguí llegar a la posición siguiente

Soy el nuevo Houdini. Han desaparecido un peón blanco y todas las piezas negras. Teníamos una posición ganada por el negro y sin que el blanco entienda porqué, ahora el punto se va para Castelló de Rugat, que en esos momentos no sabía ni donde estaba. Mi adversario, un hombre entrado en años, hasta ese momento algo cohibido, rejuveneció algún que otro lustro, merced a mi maniobra modelo Santuario de Lourdes. Las palabras mágicas que transformaron una posición en la otra fueron:

38. ...,g4 39.Th4, Ag2 40.Rg2, f3 41.Rf1, e2 42.Rf2, Td4 43.cd4


Todas malas, y seguidas, que es lo más difícil. Es como el record de imbatibilidad de un portero, pero a la inversa. Había dos opciones, abandonar o no abandonar. Hubo dos variables que me invitaron a seguir jugan
do: una, que mi rival dejó de apuntar. O sea, que estaba confiado, y podía ser posible la devolución del juego de magia. Lo segundo, es que necesitaba tiempo para encontrar una explicación que contar a mis admiradores, que justificara el hara kiri precedente.

Y el verbo se hizo hombre. O sea, que ocurrió el milagro. Coronado, que era el blanco, en la posición que sigue, se apiadó de mi alma
:

48.d6??

Milagro!! Milagro!! Y los ángeles entonaron cantos a las puertas del cielo. Mi rey pasa y el negro gana.

48...., Re3 49.Te5, Rf4 50.Te6, g1=D

Cuando el peón se hizo dama (como el verbo y el hombre), mi rival, buscando consuelo, clamó en el desierto: La tenía ganada!! Cierto, pensé, pero ahora eso es lo de menos.


Al finalizar, las felicitaciones. La primera, la del amigo Campos: "No sacrifiqués en apuros. Estais loco, como podés jugar así ese final" ¿A qué mola?, le dije. Adrenalina a granel. Para todos, tocayo.
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