jueves, 23 de diciembre de 2010

Recapitulando 2010

Acaba un mal año. Se nos han ido tres grandes del ajedrez: Andor Lilienthal, Bent Larsen y el inimitable Vasily Smyslov. Los dos últimos, fueron de lo más grande de la historia del ajedrez.
Los echaremos de menos, yo ya lo hago, y mi juego se resiente. Y mi concentración.

Pero 2011 va a ser un buen año; si, porque mi jugadora favorita comienza a ver los resultados de su esfuerzo. Porque ella ha terminado el año jugando realmente bien, y muy ilusionada con el ajedrez.
Se lo merecía. Por su humildad, por su esfuerzo, y porque ha sabido comportarse cuando las envidias han sido muchas, y ha tenido que padecer los comentarios de un frustrado inadapatado y cobarde que trató de quitarle importancia a los logros de una joven de 16 años. Pataletas de un don nadie.

Este 2010 que termina, se llevó también mi experiencia como Delegado de la Federación de Ajedrez. Fue una bonita experiencia que le debo a Pedro López y que me ha dejado, como prenda, su amistad y la de muchas personas que he tenido la suerte de conocer. Muchos han sido los que han criticado mi gestión: a los que lo han hecho desde el respeto, mi más sincero agradecimiento y amistad. A los que han recurrido al subterfugio, la descalificación, el desprecio y la cobardía de criticar por la espalda, a estos, mi lástima eterna, porque no merecen otra cosa.
2011 trae nuevos retos de la mano del Presidente de la FACV. Quisiera estar a la altura. Dios dirá.

Este 2011 también trae cambio de club: El proyecto de los amigos de Aspe es ilusionante, y me alegro de poder colaborar. Y de seguir ayudando en el Enric Valor, donde tantas cosas estoy aprendiendo. Voy a tener mucho trabajo este 2011. Sólo espero que también lo tenga fuera del ajedrez: es lo que le pido a los dioses para el año nuevo.

    Espero que este 2011 mejore al pasado 2010.  Qué sólo se me juzgue por mis errores, y no por los ajenos, como ha ocurrido tantas veces. Qué cada uno asuma sus responsabilidades, sus miserias y sus aciertos. Porqué es curioso, que por lo general, a uno le otorgan una importancia que no tiene, cuando las cosas van mal. La misma importancia que te niegan cuando ocurre justo lo contrario.

Feliz Navidad.

  

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Elecciones a la FACV 2010

El pasado sábado pude vivir de cerca, por primera vez con tal intensidad, una jornada electoral, que más que una competición por los puestos de responsabilidad de la Federación, fue una especie de convivencia entre personas que defienden posturas distintas, desde el más exquisito respeto. ¿Realmente importa quien ganó? Quizás sí, pues ese era el objeto de la votación, pero la lectura real la podemos extractar del comportamiento de quienes éramos los protagonistas de la fiesta: todos.

Pude departir con Alfonso Pedraza, Joaquín Corbí, Alfonso Vilches, Jesús García, Vicente Díez, Ana Pastor. Los amigos de Mutxamel, Torrevieja. Con la laureada y querida Patricia Clarós, que me invitó a desayunar, tentándome con unos huesitos dulces con que edulcorar mi maltrecho circuito sanguineo.

        Angel Aledo, con quien compartí supervisión del recuento, sin mayor problema que cupieran los palitos al lado de los nombres. Mi ahora amigo Ivan Grigoriev, a quien pude conocer en el Autonómico de Cheste, y al que el desconocimiento del castellano le hace parecer más serio de lo que realmente es. Los amigos del Casino de Novelda, del API Elche, Benidorm, Alfas, Villena. Tres amigos del Escacs Novelda, a los que me alegré sinceramente de ver. Una auténtica marea del Enric Valor, que, claro, votaban en casa. Y luego otro café con mis compañeros del CA Aspe.

Igual me dejo a alguien, pero fueron cerca de 120 jugadores, que cogieron sus coches para ir a depositar sus votos. Una molestia impensable para votar a Zapatero o a Rajoy, pero nuestros valientes lo asumieron para construir nuestra FACV. Votando a unos o a otros, pero votando, que es la única forma de llevar esto adelante.

Sólo hubo un fantasma en toda la mañana. Pero ese nombre, mejor me lo guardo. Fue el único que me negó el saludo. Tú mismo.

lunes, 4 de octubre de 2010

El ciego sol, la sed y la fatiga...

  A la hora de enfrentarme a la hoja blanca, virgen de palabras e ideas, mientras mascullaba el cómo, una vez decidido el qué, me vino a la cabeza el poema de Manuel Machado, Castilla, tantas veces leído en la primera escuela, enfundado en las tapas duras del libro de lectura, que libros como aquellos ya no volverán, y reducido al recuerdo intermitente de un soplo de nostalgia infantil, a menudo numerosos.
  El Cid cabalga, camino del destierro, aunque no es tal verso el que me trae el poema de vuelta. Vivo en la casa donde habito, como diría el hermano del autor, más o menos, y quizás por la costumbre, el desarraigo forma parte de uno desde la más tierna infancia. No, no se trata de la cabalgadura del Campeador lo que inspiró el recuerdo del poema: fue la fatiga. Harto ya de estar harto, ya me cansé, dijo Serrat en Vagabundear. En esas ando. Abarcando los vientos que no se dejan abarcar. Navegando apenas con frágil esquife entre buques fantasmas, tripulados por corsos sin patente, que hieren, insultan e infamian, resguardados por la distancia y la coraza de su bajel.
  Otros, en cambio, abrieron sus puertas como islas convertidas en oasis acogedores, sin más condición que ser uno entre todos. Siembro mi gratitud en sus tierras para dejarles la cosecha como prenda, llegada la hora de la partida. Pronta. Exigüas las fuerzas, y extraviadas las ganas, pesan demasiado los trebejos para llevarlos a la casilla adecuada tras cada embestida del rival. Ni siquiera en el enroque encuentra reposo el monarca, tras los peones, inmóviles, que se empecinan en dar la vida por él, cuando el aliento es ya escaso, y largo el tiempo preciso para recuperar el resuello.
  Polvo, sudor y hierro, el Cid Cabalga. Suelto alforjas, compañeros de camino. Necesito espacio, tiempo, silencio, reposo.
  Si, déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer.
  Gracias, Neftalí.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Yo juego para ganar I: Bent Larsen vuelve junto a Fischer

Como nos engañaste, Bent. Con esa imagen que vendías de jugador superficial, arrogante y descarado. Que predecías tus propios resultados con un optimismo rayano en lo cómico. Conseguiste que muchos no te tomaran en serio. Los insensatos, claro. Fischer te respetaba muchísimo. Botvinnik también. Incluso el traductor de Mis Geniales Precedesores IV te confunde con Lasker al transcribir tu nombre, otorgándote una corona que no ostentaste y sí mereciste.
Dos derrotas te marcaron a los ojos de la mayoría de ajedrecistas: el 6-0 que sufriste a manos de Bobby en Denver (y eso que ibas advertido con el otro set que le endosó al pobre Mark) y la miniatura que te había colocado Spassky en Belgrado un año antes. Qué injusto.

Pero muchos no tenemos en cuenta estos deslices. Es más, valoramos tu capacidad de reponerte de ellos, y seguir jugando a ganar. En este blog de Reyes sin corona, caben pocos: Rubinstein, Keres, Korchnoi, Stein y ahora tú.



Agradecemos tu magisterio, ese del que no presumías y que, como pocos, ofreciste honestamente en tus libros dirigidos a los entusiastas de este juego. El match Karpov-Korchnoi de 1978 fue uno de ellos. "Yo juego para ganar", ahora reeditado como "Todas las piezas atacan" por la editorial Chessy (www.editorialchessy.com), es ya un clásico moderno, que todo jugador que se precie debe leer, por el estilo ameno y didáctico del gran campeón danés.
(Ver enlace http://tiendachessy.com/tienda/catalog/product_ info.php?products_id=46)

Pero hay uno que sobresale a los demás. "Las jugadas maestras en el ajedrez". Pasados los 40 años, no es fácil aprender. De ese librito saqué más conclusiones que de ningún otro. Mis alumnos se aprovechan de él, pues lo trabajamos horas y horas. Táctica, Estrategia, Planes, Finales. No olvidaste nada. Todo explicado con sencillez y rigor.

Todos, absolutamente todos los días desde que llegó a mis manos, recomendado por el MI francés David Marciano en el chat de Europe Echecs, donde tantas partidas comentaste, estudio al menos una posición. Decenas de veces. Ida y vuelta. Cada vez descubriendo algo nuevo. Aprendiendo a pesar de la edad, los defectos adquiridos y la vitola de eterna promesa que otro MI, muy querido por mi, me acuñó.

Gracias, Bent. Bienvenido a este humilde blog, que capitanea el Gran Akiba. Seguro que por los reinos de Caissa, ya andais enfrentando su temible concepción estratégica, a tu audaz visión hipermoderna. Mientras, Nimzowitch hablará maravillas de su alumno más aventajado. Bent Larsen. Descansa en paz.

martes, 7 de septiembre de 2010

Mis ídolos cotidianos: Antonio Erades Berenguer

Qué nuestros mayores son un ejemplo a imitar, es harto conocido, si bien algunos modelos andan bastante lejos de ser un referente válido en lo que a virtudes se refiere. Cuando manejamos entre nuestras manos un grupo de alumnos, en este caso de ajedrez, pero cualquier deporte o disciplina puede ser válido, esmeramos nuestro comportamiento, pues nos sabemos mirados por los ojos de niños, sensibles a cualquier estímulo que provenga de sus maestros. Esto, que es una responsabilidad importante y, al mismo tiempo, una compensación impagable del esfuerzo realizado, no alberga comparación cuando el alumno troca en maestro, y quienes recibimos la lección somos los educadores.
Y el regalo de la lección de un Dios Menor, se nos impartió en el recién Torneo Internacional de Ibi. Una de nuestras jugadoras del C.A. Aspe, disputaba su primer torneo, por supuesto el Infantil. Iba perdiendo todas sus partidas, y por añadidura, uno de sus rivales se burló de ella, por sus derrotas consecutivas. Andaba nuestra compañera algo atribulada, con cara seria, no tanto por las derrotas, a las que todos íbamos quitando hierro, sino por el comentario mordaz del cruel infante. En estas, acertó Antonio, Erades Berenguer, a sentarse al lado de nuestra amiga, para ponerle remedio al asunto:

"No te preocupes, Andrea, el año pasado yo también las perdí todas, y este año ya ves, llevo dos ganadas"

Esto no lo dice un monitor, ni un padre, ni siquiera un espectador adulto: lo dice un niño de 9 años, que tiene unos momentos para dedicárselos a una compañera a la que ha conocido hace pocas semanas, pues Andrea acaba de incorporarse a nuestro club.

A Antonio no le ganarán las partidas dándole mate, pues tiene una pieza más importante que el rey de blancas o negras: Antonio tiene un corazón así de grande.

domingo, 28 de marzo de 2010

Vasily Smyslov, el portador de la armonía I

Gracias, Vasia. Por noventa años de continuados regalos por los dominios de Caissa. Por encontrar el punto medio entre la agresividad ilimitada de Thal o Keres y la aburrida estrategia dogmática de Botvinnik o Petrosian. Por demostrar la difícil sencillez del magisterio sin pedantería.

Has dejado muchos huérfanos, pero ninguno tan triste como los finales de torre que heredaste de Rubinstein. Gligoric aún debe de alucinar con las tablas que le arrancaste en 1947, haciendo ley del final de torre contra torre y peones f y h (o peones a y c, que lo mismo da). Grandes maestros, hoy en día, aún dudan a la hora de defenderse en esa posición. Que se lo pregunten a Aronian hace unos años contra Kramnik. Seguro que envidió tu sabiduría.

Quien iba a apostar por un jugador de 62 años, para que llegara a la final de Candidatos en 1983. Nadie. Pero el propio Kasparov te rindió honores al reconocer lo elevado de tu conocimiento.


Seguiremos estudiando tus partidas, pero nos quedará la nostalgia de no verte más ante un tablero. El tiempo, el implacable que diría el poeta, jugaba ya en tu contra, cuesta abajo, pero albergábamos la esperanza de que surgieras de nuevo, casi centenario, a impartir lecciones entre los nuevos grandes maestros, hijos del silicio y no de la sabiduría.

Descansa en paz, Vasily. Lo mereces.
Vasily Smyslov (21.03.1921-27.03-2010)

jueves, 7 de enero de 2010

Aforismos hechos realidad I: Phillidor

Los aforismos, como los refranes, llaman la atención sobre situaciones de la realidad que, a menudo, nos pasan desapercibidas. Los primeros suelen ser fruto de la reflexión de alguien autorizado en la materia objeto de la frase célebre. Los segundos nacen de la sabiduría popular.

François André Danican, conocido como Philidor, fue autor de varias sentencias que, desde su ya lejano siglo XVIII, han llegado inmaculadas hasta nuestros días.

Para los que frecuentamos el tablero, Philidor es sufucientemente conocido. En cambio, para los legos en el juego, tal vez lo recuerden como uno de los protagonistas de la magnífica novela "El Ocho", de Katherine Neville, en la que el ajedrez es el eje central de toda la trama.
Fue él quien nos inculcó la importancia de los peones, hasta entonces menospreciados, sin que se les otorgara su verdadero valor. "Los peones son el alma del ajedrez", dijo. Y aún hoy es una lección única.


Pero no fue este su único pensamiento. Como hombre ilustrado, su percepción del juego iba más allá del movimiento de las piezas. El comportamiento humano, del jugador, también fue objeto de la perspicacia Philidoriana. El resultado de una de sus meditaciones, es impagable:


"El tiempo que vuestro rival invierte en reflexionar,
es un homenaje que os rinde"


Podríamos entretejer muchas lecturas de tan breve cita: sentirnos insultados por un jugador acelerado o laureados como césares por un pensador excesivo. Pero tampoco habría muchas razones para llevar a Philidor hasta el extremo de la experiencia.
Esto quedaría aquí si uno practicara las virtudes capitales, sin dejarse llevar por los pecados correspondientes a su incumplimiento. Si, oh señor, yo pequé. La soberbia haciendo cosquillas donde más duele, en la mente siempre convulsa de un ajedrecista mediocre que aspira a la sabiduría de Caissa. Y claro, pasa lo que pasa: uno se siente halagado, enaltecido, ante los gestos de algunos iguales que me honraron con la reflexión desmesurada de una jugada fácil.
En el reciente II Open Internacional Ciudad de Alicante, mi rival tardó 31 minutos en decidir su jugada 10. 27 minutos la 14. Y acabó la partida, rindiéndose, en la 21, con apenas unos segundos en el reloj. ¿Cabe esperar mayor homenaje? Oh, Philidor, que estás en los cielos...mírame henchido de felicidad. Uno pasea su satisfacción por la sala de juego, mientras espera la pregunta de sus compañeros de torneo: ¿Has terminado? ¡¡No!! Mi rival piensa. Y después continuar con el desfile de orgullo, a la búsqueda de nuevas alegrías philidorianas.
Claro, que esto no es la Disney, y no siempre la película acaba bien. Lo que hoy es un homenaje por lo del tiempo, mañana es un rosco en aumentativo, que no entiende de más rendiciones que las de mi rey. Y no tengo a Philidor a mano para pedirle que matice lo de la dichosa frasecita cuando honra y derrota llegan de la mano.
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