jueves, 8 de septiembre de 2011

Perdóname, Judit

Tengo que pedirte disculpas, Judit, pequeña de las Polgar. Sí, disculpas, porque durante años, a pesar de que has estado en la cumbre del ajedrez, peleando contra todo el poder masculino de nuestro deporte, yo seguía pensando que tu juego se había quedado estancado en ese estilo kamikaze, típicamente adolescente, y que tarde o temprano, la realidad te pondría en tu verdadero sitio. Y así ha sido, estás en donde mereces: en lo más alto.

Sólo ahora, que he seguido tus partidas, admirado por tu determinación de recuperar un sitio en la élite, tras tu maternidad, he disfrutado de la profundidad de tus ideas, de la recia voluntad de victoria con la que te sientas a jugar, y de la técnica tan depurada que posees. Ayer me tuviste muchas horas conectado a la partida que ganaste a Lenier Dominguez. ¡Qué maravilla! Tu 16....Ce8, renunciando a una defensa más segura, para evitar una posición de posibles tablas, fue genial. Como el gran Korchnoi nos enseñó hace tiempo: "Si la mejor jugada lleva a una posición de tablas, no hagas la mejor, juega otra". Dicho y hecho. Luego, un final complejo, torre y alfil contra torre, que manejaste a ritmo de tablas Nalimov. Sin dudar.

Te pido disculpas, Judit, por tantos años de perderme tu verdadero ajedrez. Prometo enmendar mi error, y ser más justo contigo. Que haya suerte hoy, en los desempates con el buen Lenier. Desde hoy, tienes un huequecito en este humilde blog.
Google