viernes, 11 de noviembre de 2011

Espíritu nómada I: por las tierras de Enric Valor

Defendiendo los colores del Enric Valor.
      Debe ser la parte inconformista de mí, o que los años no pasan en balde y lo que antes era inquietud trocó con el tiempo en pereza, pero llegó de nuevo el momento de cambiar la mesa del tablero de ajedrez, y darle el sustento de un nuevo hogar.

       Tras la aventura presidencial en el Escacs Novelda, mi club de toda la vida, que un grupo de entusiastas fundamos antes de que muchos de los jóvenes que hoy lo defienden nacieran, desplegamos velas, y encaramos el rumbo hacia la capital, para tocar tierra en los dominios del Club Escacs Enric Valor.

       Han sido tres años entrañables. Fuimos, Ariadna y yo, muy bien recibidos y tratados. Gente joven con la que mi hija pudiera compartir ajedrez y edad, y que a mi me contagiaran una alegría que andaba un poco escondida por aquellos días. Hemos conocido gente maravillosa, que trabaja altruistamente para que este club de ajedrez funcione, y que nos ha permitido aprender tantas cosas, por ejemplo, que el trabajo en equipo es innegociable en un club, donde todos aportan su granito de arena.

       He ganado amigos, y ese es el mayor tesoro que uno puede encontrar. Tomás y Herminia son personas ejemplares, que nos honran con su amistad, de la que nos sentimos orgullosos y emocionados. Porqué además, Tomás es capaz de discutir de cualquier tema, discrepar y tener opiniones distantes, sin ceder en su respeto hacia quien con él habla, y sin ningún tipo de acritud. Me sorprende, porque yo, reconozco, soy mucho más pendenciero, y creo que en estos tres años, y espero que pueda seguir haciéndolo, he aprendido bastante de él. Gracias, Presi.

        He tenido el honor de impartir algunas clases a los niños del club. El nivel general es muy alto, y la responsabilidad también, pero creo que salimos indemnes de la batalla. Gracias a quienes me dieron la oportunidad de expresarme con nuestros alumnos.

       He defendido con orgullo y honradez la camiseta del Enric Valor, como defendí la del Escacs Novelda y como defenderé la de Aspe. Levantar la cabeza y ver una piña de camisetas verdes, transmitiéndote ánimos, no tiene precio. Echaré de menos a mis compañeros de equipo: José María, Bárbara, María Soledad y sus hermanos, Javier, Andrés. Ariadna vuelve conmigo a Aspe, y es que ya la echaba de menos. Soy consciente de que los estudios han tenido mucho que ver en que ella abandone el Enric Valor, porque allí tiene a sus amigos, pero a mí me hace mucha ilusión jugar a su lado: necesito que me mire de vez en cuando y me ponga esa cara de no entender nada de lo que está pasando en mi tablero; eso quiere decir que hay pelea.

       Muchas gracias a toda la familia del Enric Valor. Por lo vivido y lo aprendido. Ahora estamos en otra nave: CA Aspe.

Qué el Gran Akiba os inspire. Siempre.

jueves, 10 de noviembre de 2011

El trovador de Caissa: Leontxo García

Ariadna y Leontxo
Si en la Edad Media no hubieran existido los trovadores y juglares, quizás gran parte de los sucesos entonces acaecidos quedarían en el más frío anonimato. Gracias a ellos, portadores de noticias y acontecimientos, la profesión de periodista comenzaba a caminar, de una forma, eso sí, bastante diferente a la actual.

Hoy en día, vivimos en un mundo donde la información se tiene a la distancia de una pulsación de ratón informático. Pareciera que ya no son necesarios trovadores que nos cuenten lo que sucede porque, sencillamente, lo estamos viendo. Claro que, quien esto piense, es porque no conoce a Leontxo. Este maestro de la comunicación es capaz de transmitirnos lo que siente al ver cada partida, al entrevistar a cada Gran Maestro que se acerca a su micrófono. Ya nos lo dijo cuando, magistralmente, nos contagió a todos con LA PASIÓN DEL AJEDREZ, durante su etapa al frente de la decana JAQUE. Para mí no hubo otra revista que el Jaque de Leontxo, porque cada número, con su Pasión, me invitaba a desear sentarme ante el tablero. No se trata de contarnos lo que vemos, sino de hacernos llegar lo que no se puede ver, lo que se nos pasa por alto en cada jugada, en cada gesto de los gladiadores.

Son odiosas las comparaciones, pero siempre he visto a nuestro Trovador particular como un Luis del Olmo del ajedrez: una voz irrepetible, un tiempo narrativo impecable, una presencia física majestuosa y un don de gentes cautivador. Y Leontxo tiene la suerte de que, quienes amamos el ajedrez, lo valoramos en su justa medida, y no esperaremos a hacerlo dentro de treinta años, cuando se haya retirado de la escena pública.

Cuando en el pasado Festival Hotel Bali de Benidorm, mi hija Ariadna subió a recibir su premio como mejor sub-16, deseaba que fuese Leontxo quien se lo entregara. Caissa me oyó. Qué nuestra Diosa lo guarde muchos años. Y, por supuesto, QUÉ EL GRAN AKIBA LE INSPIRE.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ajedrez y salud: ¡Cómo pasan los años! Para Korchnoi parece que no. Viktor el Terrible II

Cuando era pequeño, y por la televisión emitían la famosa serie de dibujos animados HEIDI, pensaba que, cuando fuese viejo, o mayor, eufemismo que sustituye a la malsonante anterior, querría ser como el de los Alpes: vivir en un lugar hermoso, muy sano, con una vida tranquila, acompañado de un perro fiel como Niebla, sin más quehacer que ordeñar a las cabras, darles de comer, y fabricar muebles de madera en el coqueto taller carpintero anexo a la casa. Todo muy idílico, hasta la compañía de una niña, que sería mi nieta, que alegrara las largas jornadas invernales.
Claro que, hoy en día, mis ojos de adulto, más cerca ya del abuelito que de Heidi, mi perspectiva ha cambiado, no sé si para mejor, pero sí que a un punto de vista más realista.


Y aquí es donde aparece nuestro querido ajedrez. Ya no quiero parecerme al abuelito de Heidi, sino al admirado Viktor El Terrible, o sea Korchnoi. Con 80 años cumplidos, está jugando en el Campeonato de Europa de Naciones, defendiendo el segundo tablero de Suiza. Y puntuando (En estos momentos +1 -2 =3) de forma dignísima, pues su tablero es bastante complicado.

Y es que nuestro juego, mantiene la mente activa, previniendo de forma eficaz bastantes enfermedades degenerativas del cerebro. Además, al tener un objetivo, sea cada partida, sea cada torneo, se mantiene una motivación constante por mantenerse en forma, por leer ajedrez, quizás ya no como en la juventud, pero sí lo suficiente como para que cada día tenga un aliciente que, en otras personas menos activas, no existe, lo que, reconozcamos, puede suponer un verdadero problema a la hora de que, pasada cierta edad, se mantengan las ganas de vivir plenamente.

Si tengo la suerte de llegar a la edad de Korchnoi, él, previsiblemente, ya nos habrá dejado. Nos quedarán sus partidas y su biografía (Que os recomiendo de forma incondicional, El ajedrez es mi vida y algo más, editado por Chessy). Seguirá siendo un ejemplo para todos nosotros: los que tuvimos la suerte de verlo jugar, y para aquellos que sólo sabrán de él por lo que de él contemos.

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   Korchnoi es un luchador. Pocos hubieran soportado todo lo que el antiguo gobierno soviético le hizo pasar tras su fuga de la URSS. Represalias contra él y su mujer y su hijo Igor. Años antes, en el sitio de Leningrado, tuvo que rebuscar las cartillas de racionamiento entre las ropas de los muertos, para poder sobrevivir. Era apenas un niño, y ya supo qué era la necesidad y la lucha por la propia vida. Con todo el KGB detrás, en 1978, estuvo a punto de ganarle el Campeonato del Mundo a Anatoly Karpov. Sólo le faltó una partida. La misma que le faltó a Tolia contra Kasparov nueve años después. Cosas del destino.

   Korchnoi fue de los primeros jugadores en comprender que las excepciones a las reglas generales son tan importantes, o más, que las propias reglas. Su estilo oscila entre el dogmatismo de algunas partidas, y lo iconoclasta de otras. Siempre de alta escuela, con una técnica depuradísima, tan solo al alcance de unos pocos.

   Ayer Viktor perdió su partida del Campeonato de Europa, pero aún dará más de un susto a rivales, quizás confiados por su ya frágil aspecto. Su cuerpo envejece, pero su mente sigue tan preclara como siempre.

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