sábado, 25 de agosto de 2012

Me duele Spassky

Spassky huye de su hogar

La hermana de Spassky habla de la huida de Boris.

El X Campeón del Mundo, Boris Spassky
      Hace unos días, leí que el bueno de Boris Spassky había huido de su casa en Francia, para guarecerse en Moscú, la capital de su antiguo país. Hablaba de conspiraciones contra su vida, maltrecha por un ictus cerebral y de falta de asistencia y libertad. Todo lo que yo cuente sobre ello siempre quedará por debajo de lo que él mismo dice, así como su hermana en una entrevista posterior. Por eso prefiero que lo leáis directamente de sus palabras, en los enlaces de arriba.

    Preferiría hablar de Boris. De como tomé consciencia de él, de su ajedrez. De la imagen de hombre injustamente derrotado que figuraba en la portada de un libro, para mí y entonces, interesantísimo.


Libro sobre el Match del Siglo.
   Creo que fue el apellido el que me resultó atractivo cuando, con trece años, un amigo me prestó este libro. Además, el autor perfilaba a Spassky como un auténtico caballero y a Fischer como algo impertinente y caprichoso. Aún no conocía a Keres, y Boris pasó a ser mi paladín de los buenos modales. Por aquellos días, se jugaba el match de Baguío entre Karpov y Korchnoi, y recortábamos las noticias de prensa, en el As y el ABC, donde leíamos la verdadera guerra de malos modales entre los dos enemigos rusos. Boris estaba por encima de todo ello, y era nuestro verdadero caballero.

    Entonces no entendíamos que fue precisamente por eso por lo que perdió el match, por ser más blando psicológicamente que Bobby. Qué el clima cargado de adrenalina y tensión que el americano creó a lo largo de todo el match, y aún desde varias semanas antes de comenzar, no lo supo gestionar ni el Campeón vigente ni su equipo de especialistas, con toda la información de la que disponían sobre Fischer.

   Leí varias veces el libro, ajedrecísticamente muy flojo, pero de una gran capacidad divulgativa. Con un lenguaje retórico y excesivamente florido, coincidente en demasía con algunas anotaciones de Félix del Hoyo en otra publicación, sin que sepamos quién copió a quién, este librillo ocupó prácticamente todo mi verano de 1978. Cuando volvía a repasar las partidas, esperaba ansioso llegar a la undécima, en la que Spassky borró del tablero al gran americano, con una novedad en la siciliana del peón envenenado. El canto del cisne soviético: y yo esperaba que a partir de ahí, en cada lectura, el resultado cambiara para mejor gloria de Boris. Pero no: la realidad, testaruda, volvía a colocar el 12.5 a 8.5 en el marcador al final del match. Cada vez, invariable.

   Ese fue mi conocimiento primero de Spassky. Luego me resistí a pensar que se volviera un jugador perezoso, sin ambición. Pero así fue. Boris sólo aireaba su gran talento en contadas ocasiones, como cuando ganó el torneo de Linares o las veces que consiguió vencer a los grandes dominadores de los últimos 20 años del siglo XX: Karpov y Kasparov.

La cabria de Linares. Su reproducción es el trofeo que se entrega al ganador del Ciudad de Linares.
       Ahora, intuyo que la cosa va mal. No sé si Spassky sufre Alzheimer, demencia, o son consecuencias de su ictus, pero no me gustaría ver así a quien ha sido uno de los más grandes. Para mí, no llega al lugar de Rubinstein, ni de Keres, los dos más grandes, pero también merece su sitio.
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