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Mostrando las entradas etiquetadas como Mis jugadores favoritos

El Genio Efímero I: Pillsbury-Tarrasch, Hastings 1895

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Harry Nelson Pillsbury fue una estrella fugaz en el mundo del Ajedrez, pues con tan solo 34 años moría a causa de una fatal enfermedad. Era un jugador imaginativo, sus partidas están llenas de ideas originales, y se codeó de igual a igual con la élite de su época: Steinitz, ya en su declive, Lasker, en sus mejores años, Tarrasch y Chigorín, entre otros. Sirva como muestra, que contra Lasker, el Campeón del Mundo, tenía un resultado totalmente igualado (+5 -5 =4), y hubiera sido interesante un match entre estos dos genios del ajedrez de finales de siglo XIX. En la posición del diagrama, es el turno de las blancas, conducidas por Pillsbury contra el inolvidable Dr. Tarrasch, durante la segunda ronda del tradicional torneo de Hastings en 1895. El negro parece tener mejor juego en el flanco de dama, por lo que Pillsbury trata de buscar sus chances en el flanco contrario y se pone manos a la obra rápidamente. Juega el blanco. 33.h3! Esta jugada, en apariencia inocente,...

Me duele Spassky

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Spassky huye de su hogar La hermana de Spassky habla de la huida de Boris. El X Campeón del Mundo, Boris Spassky       Hace unos días, leí que el bueno de Boris Spassky había huido de su casa en Francia, para guarecerse en Moscú, la capital de su antiguo país. Hablaba de conspiraciones contra su vida, maltrecha por un ictus cerebral y de falta de asistencia y libertad. Todo lo que yo cuente sobre ello siempre quedará por debajo de lo que él mismo dice, así como su hermana en una entrevista posterior. Por eso prefiero que lo leáis directamente de sus palabras, en los enlaces de arriba.     Preferiría hablar de Boris. De como tomé consciencia de él, de su ajedrez. De la imagen de hombre injustamente derrotado que figuraba en la portada de un libro, para mí y entonces, interesantísimo. Libro sobre el Match del Siglo.    Creo que fue el apellido el que me resultó atractivo cuando, con trece años, un amigo me prestó este libro. Además, el a...

Perdóname, Judit

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Tengo que pedirte disculpas, Judit, pequeña de las Polgar. Sí, disculpas, porque durante años, a pesar de que has estado en la cumbre del ajedrez, peleando contra todo el poder masculino de nuestro deporte, yo seguía pensando que tu juego se había quedado estancado en ese estilo kamikaze, típicamente adolescente, y que tarde o temprano, la realidad te pondría en tu verdadero sitio. Y así ha sido, estás en donde mereces: en lo más alto. Sólo ahora, que he seguido tus partidas, admirado por tu determinación de recuperar un sitio en la élite, tras tu maternidad, he disfrutado de la profundidad de tus ideas, de la recia voluntad de victoria con la que te sientas a jugar, y de la técnica tan depurada que posees. Ayer me tuviste muchas horas conectado a la partida que ganaste a Lenier Dominguez. ¡Qué maravilla! Tu 16....Ce8, renunciando a una defensa más segura, para evitar una posición de posibles tablas, fue genial. Como el gran Korchnoi nos enseñó hace tiempo: "Si la mejor...

Vasily Smyslov, el portador de la armonía II: cuando la experiencia es un grado

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Son muchos los debates que se han abierto en el mundo del ajedrez, respecto a qué jugador ha sido el mejor de la historia. Comparar ajedrecistas de épocas distantes, es tan inútil como injusto, por lo que la tarea de encumbrar universalmente a un sólo jugador no debería exceder el terreno de las preferencias personales. Precisamente, mi opinión personal es la que pretendo mostrar. Y no es una afirmación absoluta de mi parecer, que siempre habita en la duda de si uno u otro, sino una reflexión en voz alta, sobre lo que últimamente ha llamado mi atención al recorrer la carrera de algunos de los más insignes ajedrecistas: la longevidad deportiva. Y es aquí cuando sobresalen sobre los demás,  tres nombres que supieron perdurar a los años y a la senescencia, manejando su magisterio más allá de la sesentena, con resultados sobresalientes: Lasker aún tuvo arrebatos de genialidad en sus últimos años, como en el torneo de Nottingham 1936, donde consiguió 8,5 puntos en 14 rondas, ant...

Yo juego para ganar I: Bent Larsen vuelve junto a Fischer

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Como nos engañaste, Bent. Con esa imagen que vendías de jugador superficial, arrogante y descarado. Que predecías tus propios resultados con un optimismo rayano en lo cómico. Conseguiste que muchos no te tomaran en serio. Los insensatos, claro. Fischer te respetaba muchísimo. Botvinnik también. Incluso el traductor de Mis Geniales Precedesores IV te confunde con Lasker al transcribir tu nombre, otorgándote una corona que no ostentaste y sí mereciste. Dos derrotas te marcaron a los ojos de la mayoría de ajedrecistas: el 6-0 que sufriste a manos de Bobby en Denver (y eso que ibas advertido con el otro set que le endosó al pobre Mark) y la miniatura que te había colocado Spassky en Belgrado un año antes. Qué injusto. Pero muchos no tenemos en cuenta estos deslices. Es más, valoramos tu capacidad de reponerte de ellos, y seguir jugando a ganar. En este blog de Reyes sin corona, caben pocos: Rubinstein, Keres, Korchnoi, Stein y ahora tú. Agradecemos tu magisterio, ese del que no pr...

Vasily Smyslov, el portador de la armonía I

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Gracias, Vasia. Por noventa años de continuados regalos por los dominios de Caissa. Por encontrar el punto medio entre la agresividad ilimitada de Thal o Keres y la aburrida estrategia dogmática de Botvinnik o Petrosian. Por demostrar la difícil sencillez del magisterio sin pedantería. Has dejado muchos huérfanos, pero ninguno tan triste como los finales de torre que heredaste de Rubinstein. Gligoric aún debe de alucinar con las tablas que le arrancaste en 1947, haciendo ley del final de torre contra torre y peones f y h (o peones a y c, que lo mismo da). Grandes maestros, hoy en día, aún dudan a la hora de defenderse en esa posición. Que se lo pregunten a Aronian hace unos años contra Kramnik. Seguro que envidió tu sabiduría. Quien iba a apostar por un jugador de 62 años, para que llegara a la final de Candidatos en 1983. Nadie. Pero el propio Kasparov te rindió honores al reconocer lo elevado de tu conocimiento. Seguiremos estudiando tus partidas, pero nos quedará la nostalgia...

El amigo Paul I: Keres-Fischer, Curaçao 1962.

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Si El Gran Akiba fue el mejor jugador del mundo durante el primer cuarto del siglo XX, Paul Keres ocupó su lugar entre los años 30 y los 60. El hecho de que tanto Spassky, en una entrevista publicada en Peón de Rey, como Korchnoi, en su visita a Novelda en 2007, consideraran al estonio como un jugador muchísimo más fuerte que Botvinnik, Smyslov, Petrosian o Thal, no hace más que afirmar nuestra opinión. Los dos han compartido torneos, análisis y, sobre todo, Olimpiadas, donde ser tomar consciencia de la verdadera fuerza de Keres. Puede resultar paradójico, pero una de las partidas que más me llamó la antención de Paul Keres, fue una que acabó en tablas. Aún no había leído su genial "Mi estilo en ajedrez", aunque de todas formas esta partida no aparece en él. Pero si lo hace en el libro "Bobby Fischer, su vida y partidas" de Pablo Morán, colección Escaques, que los hermanos Montoya me dejaron repetidas veces. Leí las partidas de ese libro en varias ocasiones, y ...

El Gran Akiba I: Rotlewi-Rubinstein, Lodz 1907

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Hay partidas que nos influyen de una manera determinante en nuestra forma de entender el ajedrez. Y no me refiero a la comprensión como medio para alcanzar un nivel ajedrecístico, sino al entendimiento del juego en todas sus facetas, independientemente de nuestra fuerza como jugadores. La que vimos anteriormente, entre Christiansen y Korchnoi fue una de ellas. La de hoy representa la carta de presentación de quien ocupa el primer lugar de mis preferencias, y a quien va dedicado este blog: Akiba Kielelewich Rubinstein, sin duda el mejor jugador del primer cuarto del siglo XX. Su partida contra Rotlewi es todo un modelo de ejecución táctica de un plan estratégico bien concebido. Desviación, sobrecarga, ataque sobre columnas y diagonales (la geometría del tablero, en suma), tiempo contra materia, son varios de los temas tácticos empleados por Akiba en esta partida. La primera posición importante, se produce recién acabada la apertura: En verdad, había estudiado esta partida innumerables...

Viktor El Terrible I: Christiansen, L-Korchnoi, V - Linares 1979

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Qué los finales son la parte de la partida de ajedrez que más me gusta estudiar, no es ningún secreto para quienes me conocen bien. Las posiciones con pocas piezas, en general, y los finales en particular, (ambas situaciones no siempre son sinónimas) representan la esencia de nuestro juego, donde cada pieza muestra sus virtudes y carencias, más que en cualesquiera otras facetas de la partida. Al no estar rodeados de cómplices, cada uno de los trebejos restantes ha de valerse por si mismo, enfrentándose a estructuras de peones, casillas fuertes y débiles, iniciativas u otros conceptos ajedrecísticos, sin más ayuda que sus propias capacidades. Desde hace muchos años que estudiar este tipo de posiciones me resulta muy divertido, mucho más, desde luego, que dedicar mi tiempo a las aperturas o a posiciones de medio juego con casi todas las piezas sobre el tablero. Esto, desde luego, no siempre fue así. Al comienzo de mi afición, los finales los veía como a...

Reyes sin corona

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Indeleblemente, desde siempre, he sentido una especial simpatía por aquellos ajedrecistas que, demostrando una maestría indiscutible, no han visto premiado su talento con el título de Campeón del Mundo. La primera muestra de ello fue mi predilección por Viktor Korchnoi, en sus enfrentamientos con Anatoly Karpov en 1978 y 1981. Ignoro cuál hubiera sido mi actitud hacia él, en el caso de haber vencido en alguno de esos matches. Aún hoy, es uno de mis favoritos, tanto por este singular Sindrome de Estocolmo, como por la pasión que siente al sentarse frente al tablero a sus tan bien llevados 77 años. Con el tiempo, cayó en mis manos un libro que se convirtió en mi Biblia ajedrecística, y todavía lo es: Mi estilo en ajedrez, de Paul Keres. La descripción que Ricardo Aguilera relata del jugador estonio es un tratado de caballerosidad ante el tablero. Sus partidas, comentadas con total humildad, transmiten la sabiduría de un Gran Maestro inigualable. No en vano, tanto Korchnoi como Spassky lo...