Qué los finales son la parte de la partida de ajedrez que más me gusta estudiar, no es ningún secreto para quienes me conocen bien. Las posiciones con pocas piezas, en general, y los finales en particular, (ambas situaciones no siempre son sinónimas) representan la esencia de nuestro juego, donde cada pieza muestra sus virtudes y carencias, más que en cualesquiera otras facetas de la partida. Al no estar rodeados de cómplices, cada uno de los trebejos restantes ha de valerse por si mismo, enfrentándose a estructuras de peones, casillas fuertes y débiles, iniciativas u otros conceptos ajedrecísticos, sin más ayuda que sus propias capacidades. Desde hace muchos años que estudiar este tipo de posiciones me resulta muy divertido, mucho más, desde luego, que dedicar mi tiempo a las aperturas o a posiciones de medio juego con casi todas las piezas sobre el tablero. Esto, desde luego, no siempre fue así. Al comienzo de mi afición, los finales los veía como a...
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