jueves, 7 de enero de 2010

Aforismos hechos realidad I: Phillidor

Los aforismos, como los refranes, llaman la atención sobre situaciones de la realidad que, a menudo, nos pasan desapercibidas. Los primeros suelen ser fruto de la reflexión de alguien autorizado en la materia objeto de la frase célebre. Los segundos nacen de la sabiduría popular.

François André Danican, conocido como Philidor, fue autor de varias sentencias que, desde su ya lejano siglo XVIII, han llegado inmaculadas hasta nuestros días.

Para los que frecuentamos el tablero, Philidor es sufucientemente conocido. En cambio, para los legos en el juego, tal vez lo recuerden como uno de los protagonistas de la magnífica novela "El Ocho", de Katherine Neville, en la que el ajedrez es el eje central de toda la trama.
Fue él quien nos inculcó la importancia de los peones, hasta entonces menospreciados, sin que se les otorgara su verdadero valor. "Los peones son el alma del ajedrez", dijo. Y aún hoy es una lección única.


Pero no fue este su único pensamiento. Como hombre ilustrado, su percepción del juego iba más allá del movimiento de las piezas. El comportamiento humano, del jugador, también fue objeto de la perspicacia Philidoriana. El resultado de una de sus meditaciones, es impagable:


"El tiempo que vuestro rival invierte en reflexionar,
es un homenaje que os rinde"


Podríamos entretejer muchas lecturas de tan breve cita: sentirnos insultados por un jugador acelerado o laureados como césares por un pensador excesivo. Pero tampoco habría muchas razones para llevar a Philidor hasta el extremo de la experiencia.
Esto quedaría aquí si uno practicara las virtudes capitales, sin dejarse llevar por los pecados correspondientes a su incumplimiento. Si, oh señor, yo pequé. La soberbia haciendo cosquillas donde más duele, en la mente siempre convulsa de un ajedrecista mediocre que aspira a la sabiduría de Caissa. Y claro, pasa lo que pasa: uno se siente halagado, enaltecido, ante los gestos de algunos iguales que me honraron con la reflexión desmesurada de una jugada fácil.
En el reciente II Open Internacional Ciudad de Alicante, mi rival tardó 31 minutos en decidir su jugada 10. 27 minutos la 14. Y acabó la partida, rindiéndose, en la 21, con apenas unos segundos en el reloj. ¿Cabe esperar mayor homenaje? Oh, Philidor, que estás en los cielos...mírame henchido de felicidad. Uno pasea su satisfacción por la sala de juego, mientras espera la pregunta de sus compañeros de torneo: ¿Has terminado? ¡¡No!! Mi rival piensa. Y después continuar con el desfile de orgullo, a la búsqueda de nuevas alegrías philidorianas.
Claro, que esto no es la Disney, y no siempre la película acaba bien. Lo que hoy es un homenaje por lo del tiempo, mañana es un rosco en aumentativo, que no entiende de más rendiciones que las de mi rey. Y no tengo a Philidor a mano para pedirle que matice lo de la dichosa frasecita cuando honra y derrota llegan de la mano.
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