miércoles, 31 de diciembre de 2008

Y próspero 2009

Es el tiempo de las promesas y propósitos que irán desvaneciéndose con el desgranar de los días nuevos. En enero florece el otoño de las intenciones, que se mecen acunadas por la voluntad ausente, hasta tejer un manto invisible bajo nuestros pies, para sucumbir bajo el peso de la costumbre.

Dejadme que me mienta un año nuevo más. Si, permitidme que, como preparando la noche de Reyes, escriba una carta ilusoria, cuya magia durará lo que doce campanadas en la Puerta del Sol. Será como un sueño, que canta el bolero. Así, al menos, durante apenas unos segundos, creeremos aún en la segunda estrella a la derecha o en la bella que despierte al calor de un beso.

Y es que me resisto a no cumplimentar de buenos deseos este año 2009. No sabría comenzar el año sin proponerme metas que no intentaré alcanzar. O lo haré solo durante breves días. Como cuando, en la escuela, comenzábamos una libreta con la mejor de nuestras letras, para culminarla con garabatos inteligibles hasta para uno mismo.

No me creeré si me decís que quienes siembran vientos, cambiarán odio por amor.
No me creeré que compartimos si mis ojos no lo ven.
No me creeré que la verdad se impone, si no veo marchar a la mentira.
No me creeré que el dinero no lo mueve todo si no ocupa su sitio la buena fe.
No me creeré que somos justos si no medimos con prudencia la palabra.

No
al hambre
a la guerra
a la sangre fuera de sus venas
a la lágrima exprimida por la pena
a la tristeza pasajera o perpetua
al niño que no puede ser niño
al anciano que sufre el alzheimer de sus descendientes
al mate que nunca fue jaque
a los dioses que hicieron esclavos a los hombres
a la frontera que separa



a la mesa compartida
a la tregua perpetua
al corazón que late
a la risa contagiosa
a la alegría inexplicable
al niño que juega
a los mayores reconocidos
al mate sin rencor
a los dioses que dejaron vivir
a las banderas blancas


Feliz año 2009. Qué cada día resuenen en tí los buenos propósitos que desees. Como doce campanadas fuera de hora.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

¡Feliz Navidad!

El cartero sucumbe ante el peso de las felicitaciones navideñas, arrastrando tantos buenos deseos albergados tras un sobre franqueado y el nombre, quizás ilegible, del afortunado destinatario.

Son palabras escritas para seres queridos, a veces olvidados durante el año. El milagro del Espíritu de la Navidad.


Pero no voy a felicitar a aquellos que quiero. No. Voy a contradecir las leyes de la estrategia, y colocaré mi caballo en g2. O mi rey en d5 en pleno medio juego. También voy a triplicar mis peones, y a aislar un par de ellos. Quizás desarrollaré mi dama en la jugada dos. Si, todas esas barbaridades perpetraré desde este blog. Y es que mis mejores deseos serán

para aquellos que durante este año habeis dudado de mí;

para los que me habeis dado la espalda, cuando más falta me hacía una sonrisa;

para quienes hablais mal de mí cuando no estoy presente;

para todos los que me pusisteis a prueba, esperando que fallase;

para esas manos que se me negaron cuando tendí yo las mías;

para esas palabras que esperaba y nunca llegaron;

para quien me sentenció culpable, sin escucharme siquiera;

para quienes me envidian porque nunca gozarán de mi tesoro más preciado: una mujer que me quiere y confía en mí ciegamente, una hija maravillosa que piensa que su padre es el mejor del mundo, y un hermano mayor que me protege cuando vienen mal dadas.

Si, para vosotros, para todos, mi felicitación navideña.

Porque os hace mucha más falta un poco de amor que a aquellos que ya tienen todo el que soy capaz de dar.

Porque el regalo de un solo día, poco hace perder a quienes gozan de mis oraciones el resto del año.

Porque mis padres me hicieron ver la pobreza y la soledad de los que sólo siembran rencor, envidia, malicia. Y me enseñaron a ser generoso con ellos. No esperarían otra cosa de mí.

Porque todos los que no sois destinatarios de esta felicitación, formais parte de mi vida cotidianamente. Y cada día, os doy las gracias por vuestra comprensión, compañía, amor, amistad, sinceridad, valentía. Porque para vosotros, aquellos de los que hoy me olvido, siempre es Navidad.

Qué el Gran Akiba os inspire para que sepais si sois los unos.
O los otros.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La estrategia del riesgo I: LM Vieito - Félix J. Montoya, 1980

El título de este artículo, La estrategia del riesgo, lo es también de un magnífico libro que el GM Gufeld dedicó a la vida y partidas del jugador soviético Leonid Stein, uno de los más originales e imaginativos ajedrecistas que se conocen. No es un secreto para mis amigos, la lista de mis jugadores favoritos, y que en ella, salvo Akiba Rubinstein, no caben jugadores de corte conservador: Misha Thal, Paul Keres, Viktor Korchnoi y Bobby Fischer pueden ser tachados de cualquier cosa menos de especulativos. Buscaban, y Korchnoi aún la busca, la victoria a cualquier precio, violentamente, sin ambages. Tampoco es un secreto que el primer libro con algo de nivel que leí de cabo a rabo fue "El arte del sacrificio en ajedrez" de Rudolf Spielmann. Por último, si comentamos que mi partida favorita es la Portisch-Thal, del Candidatos de Amsterdam 1964, donde Misha llegó a jugar con tres piezas de menos, tras otros tantos sacrificios no aceptados, concluyendo la partida en tablas ante el asombro general, no os cabrá la menor duda cual es el tipo de ajedrez que me gusta jugar. Claro, que lo haga bien ya es otra historia, pero os aseguro que cada vez que Caissa me regala una partida plena de sacrificios e ideas originales, soy un ajedrecista muy feliz.

La primera partida de esta serie es la quinta de mi match contra Félix José Montoya, jugado en 1980, y que perdí por 6-1. Un set, vaya. Pero qué uno. Veamos:


La partida comenzó con una Caro Kann algo insulsa, hasta que se dio la siguiente posición:


Mis alfiles apuntando al enroque negro. Mi torre en séptima. Mi dama a punto de incorporarse al ataque. Y el caballo negro dando la lata. No había otra:

18.Te4






Sacrificio de calidad que el gran Plinio Montoya calificó de "molt dubtós" (muy dudoso - en valenciano en el original)

Mi razonamiento durante la partida, profundísimo: "El caballo me molesta, y mis alfiles se quedan muy poderosos en el centro del tablero" ¿Cálculo? Ninguno...la jugué casi al toque. Luego me extrañaba de que no me llamaran para el equipo. Ni yo me convocaría jugando así.


18....de4 19.Ae4, e5 20.Ad5, Rh8 21.Ae5, Tc2 22.Tb7, Dc5


Tras unas jugadas casi forzadas (salvo la floja 19...e5), llegamos a otra posición interesante:


Un jugador normal procuraría defender su escaque f2, o su primera línea. Claro, yo no soy normal. Un servidor se preguntaba: ¿Y qué sacrifico yo ahora? Bueno, peón a tiro y con jaque...pues fácil

23.Ag7, Rg7 24.Td7, Rh6




El blanco sigue amenazando de todo, tanto en f2 como en la primera línea.

Veamos la posición:

¿Y ahora qué? Nada, ni cálculo, ni valoración, sino una especie de ruleta rusa.....Al abordaje....

25.Th7!!

Impresionante. Lo malo es que cuando la jugué, pensaba que tenía jaque continuo...pero no....tengo MATE....

25...., Rh7 26.Dh5, Rg7 27.Dg5, Rh7 28.Ae4!!

Ahora lo vi....podía ganar. Estaba cerca de la inmortalidad.


28....Tf5 29.Df5??

Ja, ja, qué burro soy: así también se gana, pero con 29.Af5 se da mate en pocas jugadas.
Por suerte Félix abandonó.

martes, 16 de diciembre de 2008

Vivir el Ajedrez

El ajedrez, como la vida, está habitado por personas de muy diferente factura, cada uno con sus ilusiones, inquietudes, objetivos y miserias. De todo hay. Y también como en la vida, juzgamos y tratamos al prójimo a través del tamiz de nuestra propia visión del mundo, que consideramos única e irrefutable, como una combinación que nos lleve al mate en pocas jugadas. Y resulta que la realidad es muy distinta a nuestra percepción, que existen otras formas de ver el ajedrez tan diferentes que no cabe otra que conceder que todo cabe en este tablero traidor. Si nos fijamos en la élite ajedrecística, hombres como Bobby Fischer, Gary Kasparov, Lev Polugaevsky, Efim Geller, Mihail Botvinnik, han dedicado su vida y un altísimo porcentaje de su tiempo al estudio del ajedrez. El genio de Brooklyn invertía más de diez horas al día al análisis de partidas y posiciones. Polugaevsky fue un investigador incansable del Laberinto Siciliano. Geller goza como uno de los teóricos más reputados del nuestra Historia.
En cambio estos hacendosos hombres, convivieron con aquellos que, amando el ajedrez tanto como ellos, no fueron tan fieles hijos de Caissa a la hora de descubrir la verdad del juego: Miguel Najdorf, José Raúl Capablanca, Misha Thal, Boris Spassky, tienen ganada fama de bohemios o perezosos, con una visión social o romántica del ajedrez. Y tienen su sitio en los altares. Merecido además.
Si esto pasa en la élite, no menos entre aficionados, que no disponemos de todo el tiempo del mundo para dedicarlo a los trebejos. Convivimos aquellos que desean jugar medio centenar o más de partidas al año con los que apenas juegan una docena. Los que están deseando que haya cualquier evento al que acudir, como conferencias, clases magistrales o torneos de rápidas, y los que sus prioridades son otras distintas, aparcando el ajedrez por otras actividades tan gratificantes para ellos como el ajedrez.
Como en la vida, hemos de comprendernos mutuamente: el apasionado tiene que entender a aquel que sólo está dispuesto a concederle a Caissa unos cuantos días al año. Y éste debe ser magnánimo con quienes adoran a la Diosa del Ajedrez con veneración. Todos cabemos, sin exigencias y sin reproches. Con comprensión. Ni unos son unos traidores ni los otros unos chalados. Todos, como dirían los católicos, somos hijos de Caissa.

viernes, 1 de agosto de 2008

Revisando la Historia: Pachman-Doda - La Habana, 1965


Hace 43 años, que una partida entre dos maestros de segunda fila llegase a ser conocida por la masa ajedrecística era poco más que un sueño. En 1965 el Infomator no era más que un proyecto, y tardaría aún muchos años tras su publicación, en llegar al común de los aficionados. Las bases informáticas eran ciencia ficción, y las revistas especializadas de la época, pocas, no malgastaban papel y tinta en atender enfrentamientos menores, cuando con las batallas entre los Fischer, Smyslov, Spassky y compañía ya tenían suficiente como para nutrir varias ediciones.

Supongo que fue este anonimato lo que animó al GM Checo Ludek Pachmann, buen jugador y excelente didáctico de ajedrez, a narrar con exageración su partida contra el polaco Zbigniew Doda, del Memorial Capablanca de 1965. El famoso torneo en el que Bobby Fischer jugó por telex desde el Manhattan Chess Club, al negarle las autoridades estadounidenses el visado hacia Cuba.
Pero hoy no toca hablar de Fischer. El protagonista es Pachmann. En su libro "Ajedrez y Comunismo", el jugador checo nos narra lo siguiente:
" Tuve que enfrentarme con el polaco Doda. Quería ganarle a toda costa. Inicié un juego duro, sacrifiqué una torre por un alfil y me coloqué en posición de ataque". Veamos:

Cabría decir, en principio, que el que jugó duro fue Doda, pues planteó una Benoni, lo que dice mucho de su talante agresivo.


En la posición del diagrama, Pachman jugó 19.Ad4



Pues claro que sacrifica la calidad: tras la textual se mete en un lío tremendo, del que sólo puede salir entregándola. La partida siguió así: 

19...,Cd3 20.Axg7 Cxe1 21.Ad4 Cxc2 22.Dxc2 Cd7 23.Df2 f6 24.Te1 Dd8 25.h4 De7 26.h5 Tf8
De esto deducimos que el negro ha jugado relativamente bien hasta la jugada 22, y luego ha encadenado una serie de jugadas algo contemplativas, que permitieron al blanco obtener una posición que compense, de alguna manera, la calidad.

Dejemos que Pachmann nos cuente:


"Un diminuto error bastó para que Doda pudiese hacer una contrajugada inesperada. Yo estaba totalmente vencido y mi primer impulso fue abandonar, no darle importancia a la cosa y echarme al coleto unos cuantos Cubas Libres"


El error de Pachmann fue 27.Te3
En efecto, la respuesta de Doda es fuerte, y deja al blanco algo apretado: 27...,Ce5 28.Dd2 Cd3 29.Cd1 Cxf4



Ahora viene lo mejor del talento melodramático de Pachmann. El GM checo nos cuenta:
"Perdía uno de mis peones amenazados y con ello se frustraba mi ataque (el peón de f4). Descubrí, no obstante, que aún me quedaba una debilísima esperanza. Cuando perdiera mi primer peón, podría, con una jugada aparentemente débil, ofrecer otro más. Si mi adversario lo tomaba, yo sacrificaría además una pieza menor, y las cosas se pondrían mal para él. Claro que ofrecer mi segundo peón, lo lógico es que mi adversario sospechase. Necesitaba unas diez jugadas, y disponía de una hora de tiempo. Haría un poco de teatro, y me mostraría arrepentido de haber jugado con demasiada prisa. Apoyé la cabeza entre las manos, como si quisiera encontrar una solución. Estuve una hora meditando...realmente recitaba poemas mentalmente, mientras el tiempo pasaba"

La posición del diagrama, es justo tras la captura del primer peón que pierde Pachmann. Y el checo juega ahora 30.Cf5 que inicia lo que Capablanca llamó "Pequeña Combinación", de dudosa utilidad para el blanco.

30..., gxf5 31.Tg3+ Rh8 32.Dxf4 (era mejor 31...Rf7)





Hasta aquí nada que muestre la celada comentada por Pachmann. Ahora el negro jugó:

32....,Tb3 33.Cc3 Txb2

32...., Tb3 es un error grave. Con 32....De4, el blanco está muerto. Ahora, con la captura del peón de b2, el negro tiene desventaja, pero quizás tampoco esté perdido. Pachmann nos cuenta:

"Según el reloj, quedaban aún dos minutos hasta el límite de tiempo. Precisamente aquel era el margen que me había propuesto de las diez jugadas restantes. Hice la jugada que había pensado una hora antes (¿Cuál....30.Cf5? ya hemos visto que no entraña ningún sacrificio de peón.) Doda volvió rapidamente, y tras breve reflexión, tomó mi peón. (¿El de b2? Si es así, ¿Qué pieza menor sacrifca luego? El caballo en f6 no es un sacrificio, sinó una combinación con red de mate.) (Ahora nos aclara algo su reflexión) Con fingida alarma, miré el reloj y le puse otro peón delante de las narices. (Está claro, el primer peón es el que se deja, el de f4. Posteriormente no hay más sacrificios de peón, sólo la imprudente captura del de b2, ¡¡¡4 jugadas después!!! y tras omitir capturar en e4) Doda sacudió la cabeza, miró mi reloj, y capturó el segundo peón. Seguramente pensó que yo estaba entregado y que, por el apuro de tiempo, había perdido todo el control. Con rapidez ¡Otro sacrificio más! (¿Cuál, me pregunto yo? Se debe referir a la pequeña combinación, pero está claro que ni va detrás de un sacrificio de peón, sinó de la dejada del primero, ni lleva a ninguna parte. Y si se refiere al último sacrificio en f6, pues no es demasiado fiel con la realidad. No hay dos sacrificios de peón consecutivos por ningún lado)


34.exf5 Ad7 35.Ce4 Te2

Esta jugada de torre ya es mortal. Se imponía 35....Tb1, con algún contrajuego. La partida termina tácticamente

36.Cxf6 Txf6 37.Dg5 Te1+ 38.Rh2 1-0

A uno le llama la atención toda la inventiva de Pachmann a la hora de narrarnos la partida. Ludek ha inventado una bonita historia para nosotros, pero la tecnología ha desenmascarado su relato de ficción, devolviendo a cada uno a su lugar: ni Pachmann es un genio de la pillería, ni Doda era ningún fuera de serie ganando posiciones superiores.

Lo que ya no sé es si fiarme del bueno de Ludek y dejar a medias la lectura de su "Ajedrez y Comunismo". Interesante es. Lo que no tengo tan claro es si se trata de una obra de ficción o un ensayo histórico. Vaya usted a saber.

martes, 29 de julio de 2008

Los tres deseos

Cuando el GM Nigel Short nos visitó el pasado mes de Junio,
tuve la fortuna de recibir tres regalos inesperados.


Del primero de ellos ya hablamos en este blog, y llegó de parte de mis compañeros de club.

El segundo alimentó mi vanidad, al observar el GM británico mi brillante juego táctico durante nuestra partida. Claro que este regalo recuerda más bien al carbón de los Reyes Magos, pues lo efectista de mis dos sacrificios quedó en nada al ser ignorados por el Maestro.

El tercero es un pequeño tesoro.


Mientras preparábamos la visita de Short, el GM Alfonso Romero y yo hablamos largo y tendido en varias ocasiones sobre nuestro ilustre visitante. Romero me recordó una partida que Short había ganado a Jaan Timman, en 1991.


Lo original de la misma, radicaba en la increíble incorporación del rey blanco al ataque de mate contra el monarca enemigo, en una posición total de medio juego. La partida en cuestión la publicamos en la web de nuestro club, con unos breves comentarios basados en las notas de Short en el Informator 53.

La posición crítica es la siguiente:



30.h4 h5 31.Rh2 Tc8? Probablemente el error definitivo. Ahora Short incorporará una pieza más al ataque: el rey [Es única 31...Ac8! 32.g4 hxg4 33.Cg5 g3+ 34.fxg3 (34.Rxg3 Axd7 35.Rh2!! Y el blanco gana. Análisis de Speelman.) 34...Ab7 35.Ce4 Dxa4 36.h5 Dxc2+ 37.Cf2 gxh5 38.Td3 Ae4 39.Td2 Db1 40.Td1 Dc2 41.T7d2 Dxc4 42.Td4 ] 32.Rg3! El monarca campará por las casillas negras sin ninguna oposición. 32...Tce8 33.Rf4! Ac8 34.Rg5 y el mate en pocas es inevitable. Una fantástica producción del gran maestro británico, contra un rival muy solvente. 1-0



Hasta aquí, no cabe más que admirar el juego de Nigel, y soñar con poder llevar a cabo, algún día, una maniobra similar. Uno cree que la partida es perfecta, que Short ha sido capaz de pergeñar un plan irrevocable.



Durante la comida tras la simultánea, acerqué a Short el Informator 54, donde esta partida aparece como la mejor del volumen anterior, para que me la firmara. Cogió el libro, deteniéndose unos instantes a pensar. Firmó la partida, y a continuación añadió una variante, hasta ahora desconocida.





30.Ch4!! con idea de f3, seguido de Cg6!! hg6 y Th4 mate.


Como en el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa, tres regalos, sólo tres. Sí, tres nada más, pero dos de ellos involvidables.


Gracias a Nigel. Y a mis compañeros del Club Escacs.

sábado, 26 de julio de 2008

El amigo Paul I: Keres-Fischer, Curaçao 1962.


Si El Gran Akiba fue el mejor jugador del mundo durante el primer cuarto del siglo XX, Paul Keres ocupó su lugar entre los años 30 y los 60. El hecho de que tanto Spassky, en una entrevista publicada en Peón de Rey, como Korchnoi, en su visita a Novelda en 2007, consideraran al estonio como un jugador muchísimo más fuerte que Botvinnik, Smyslov, Petrosian o Thal, no hace más que afirmar nuestra opinión. Los dos han compartido torneos, análisis y, sobre todo, Olimpiadas, donde ser tomar consciencia de la verdadera fuerza de Keres.

Puede resultar paradójico, pero una de las partidas que más me llamó la antención de Paul Keres, fue una que acabó en tablas. Aún no había leído su genial "Mi estilo en ajedrez", aunque de todas formas esta partida no aparece en él. Pero si lo hace en el libro "Bobby Fischer, su vida y partidas" de Pablo Morán, colección Escaques, que los hermanos Montoya me dejaron repetidas veces. Leí las partidas de ese libro en varias ocasiones, y al igual que me pasó con Korchnoi, la partida contra Keres no me atrajo especialmente. No fue hasta varios años después, una vez despertó mi interés por los finales, cuando reparé en ella, ahora en "Mis sesenta mejores partidas" del propio Bobby Fischer. Creo que en sus comentarios a la partida, Bobby demuestra su sincera admiración por Keres. La posición, desde luego, es endiablada:




Juega el blanco. Parece imposible que pueda impedir la coronación de la segunda dama negra. Fischer reconoce que, prácticamente, esperaba que Keres se rindiera. Nada más lejos de la realidad. El genio tenía algo que decir.

72.De5!!
Una jugada digna de un estudio. El negro ni siquiera intenta impedir la promoción del peón.
No valía 72.Af5+ Dxf5 73.Dxg2 Df4+! 74.Dg4 (74.Rh3 Dh6+!) 74...Dxg4+ 75.Rxg4 Rg6! y el final de peones se gana.
Bobby se resigna a lo evidente, Paul encontró la salvación. Milagrosa, sí, pero salvación. Veamos como continuó la partida:
72...Dh1+
[si 72...Df2+ 73.Rh3 g1D (73...g1C+ 74.Rg4=) 74.Af5+ Rh6 (74...Dxf5+ 75.Dxf5+ Dg6 76.Dxg6+ Rxg6 77.Rg4=) 75.Df6+ Rh5 76.Ag6+! Dxg6 77.Dg5+!! Rxg5=]
73.Ah3
Puede parecer que nada impide ahora al negro promocionar dama, pero esto es tabú, pues llevaría a tablas forzadas con:

73...g1D 74.Dh5+ Rg7 75.Dg6+!= y o bien el blanco tiene jaque perpetuo, o bien tablas por ahogado. ¡Increible! Como ocurre a menudo, lo mejor en los análisis.

Fischer capturó en h3


73..., Dxh3+74.Rxh3 g1D 75.De7+ Rh8 76.Df8+ Rh7 77.Df7+


Y se firmó la paz. Como dijo Larry Evans, las jugadas de Keres parecen surgir de una varita mágica.


Por supuesto: es que era un mago.

jueves, 24 de julio de 2008

El Gran Akiba I: Rotlewi-Rubinstein, Lodz 1907

Hay partidas que nos influyen de una manera determinante en nuestra forma de entender el ajedrez. Y no me refiero a la comprensión como medio para alcanzar un nivel ajedrecístico, sino al entendimiento del juego en todas sus facetas, independientemente de nuestra fuerza como jugadores. La que vimos anteriormente, entre Christiansen y Korchnoi fue una de ellas. La de hoy representa la carta de presentación de quien ocupa el primer lugar de mis preferencias, y a quien va dedicado este blog: Akiba Kielelewich Rubinstein, sin duda el mejor jugador del primer cuarto del siglo XX. Su partida contra Rotlewi es todo un modelo de ejecución táctica de un plan estratégico bien concebido. Desviación, sobrecarga, ataque sobre columnas y diagonales (la geometría del tablero, en suma), tiempo contra materia, son varios de los temas tácticos empleados por Akiba en esta partida. La primera posición importante, se produce recién acabada la apertura:

En verdad, había estudiado esta partida innumerables veces, y nunca había reparado en esta posición. Aparentemente está igualada. Pero Akiba, que comentaba con austeridad sus partidas, nos hace reflexionar sobre lo que ocurre sobre el tablero:

"Se ha llegado a una posición simétrica, salvo que la torre negra del flanco de rey ya está en juego, mientras que la blanca aún se encuentra en f1. Además le toca jugar al negro, por lo que la iniciativa le corresponde. Está claro que las blancas han jugado con imprecisión la apertura"


Cuando lees este comentario, no vuelves a ver la posición con los mismos ojos. Es la cristalización de la sutileza. No nos habla de un ataque sobre el rey, ni sobre puntos débiles o fuertes. Nos habla de tiempos, de la potencialidad de la posición. Akiba continúa la lección con su alto magisterio.


Dama amenazada. Alfil amenazado. Caballo necesitado de defensa. Dicho así, la posición negra pareciera un desastre. Akiba resume su siguiente jugada con un lacónico: "en realidad el secreto ha consistido en eliminar la pieza defensora"


La base de la defensa blanca es el alfil de e4. Si éste cae, su posición se verá comprometida. Primer defensor, el caballo de c3. Entonces, no cabe otra que 22...., Tc3!!


El blanco tiene poco donde elegir. Tomar el caballo lleva al mate: 23.Ac3, Ae4. Tomar el alfil de b7, tampoco arregla nada: 23.Ab7, Tg3 y el ataque sigue implacable. Rotlewi capturó la dama.


¿Y ahora qué? Siguiendo las instrucciones de Akiba, habría que seguir minando la defensa del alfil de e4. ¿Cuál es su único defensor? La dama. Pues, vamos por ella.

23. ..., Td2!!

Rubinstein tuvo que tener prevista esta jugada cuando realizó su jugada 20..., Cg4. O incluso antes. Da la impresión de que nada puede cambiarse de lugar. Que ninguna jugada es superflua.

Ahora, Rotlewi, no puede evitar el desastre.

24.Dd2, Ae4 25.Dg2, Th3!! y el blanco abandonó.

Creo que todos entendereis el porqué es una de mis partidas favoritas. Qué el Gran Akiba nos inspire.

jueves, 17 de julio de 2008

Viktor El Terrible I: Christiansen, L-Korchnoi, V - Linares 1979















Qué los finales son la parte de la partida de ajedrez que más me gusta estudiar, no es ningún secreto para quienes me conocen bien. Las posiciones con pocas piezas, en general, y los finales en particular, (ambas situaciones no siempre son sinónimas) representan la esencia de nuestro juego, donde cada pieza muestra sus virtudes y carencias, más que en cualesquiera otras facetas de la partida. Al no estar rodeados de cómplices, cada uno de los trebejos restantes ha de valerse por si mismo, enfrentándose a estructuras de peones, casillas fuertes y débiles, iniciativas u otros conceptos ajedrecísticos, sin más ayuda que sus propias capacidades. Desde hace muchos años que estudiar este tipo de posiciones me resulta muy divertido, mucho más, desde luego, que dedicar mi tiempo a las aperturas o a posiciones de medio juego con casi todas las piezas sobre el tablero.
Esto, desde luego, no siempre fue así. Al comienzo de mi afición, los finales los veía como algo aburrido, árido, teórico y mecánico. Además de dificilísimos de aprender. Esto último no ha cambiado, sigo entendiendo la gran dificultad de jugar un buen final. Pero hoy en día, desde hace ya años, mi visión de los finales es, desde luego, más complaciente. Podría decir que este giro se debe a mi mayor comprensión del ajedrez. Así quedaría como un erudito, además de como un pedante mentiroso. La culpa fue de Viktor Korchnoi, y de una victoria suya contra Larry Christiansen, en el II Torneo de Linares, allá por el año 1979. La partida cayó en mis manos dos o tres años más tarde. Entonces no había internet, y no todos teníamos dinero, con 14 años, para comprar el Jaque, única revista española, que sólo se podía comprar por suscripción.

Korchnoi llegó a una posición que me llamó la atención.

Obviamente mi interés era totalmente superficial. ¿Qué peón llegará antes, el negro o el blanco? Era lo más cerca que había estado de un final hasta entonces. Mi cálculo fue simple: 53....,e3 54.c7, e2 55.c8=D, e1=D 56.Dc5, y mate rápido. Al seguir la partida de Korchnoi, descubrimos, éramos dos amigos leyéndola, otras formas de jugar el final distintas del arrebato de peones de tan inconscientes analistas:


53....,Td3 54.Re5, e3 55.Rf5

El negro no puede ganar, pensamos. Pierde este peón, y el de e no tiene mucha ayuda. Seguimos sorprendiéndonos.

55...., Td5 56.Rf4

Ahora el peón e de Korchnoi está perdido. Si avanza, la torre irá a la columna y caerá. Si lo defiende, la torre y el rey se harán con el peón. Entonces vino la jugada que me hizo comprender la magia de una posición con pocas piezas. A mi me gustaban las partidas de Thal o las de Fischer, porque había combinaciones, sacrificios. Partidas como las de Korchnoi, Karpov, Petrosian, eran aburridas y sin emociones. Claro está que no las entendíamos. Pero cuando vimos la siguiente jugada de Viktor, cambié de opinión rápidamente

56....Te5!! Dios mio!!!


Recuerdo que hasta dudamos para hacer la jugada. Creíamos que la revista estaba mal. Cuando reaccionamos, continuamos la reproducción de la partida. Un elogio de la sencillez....

57.Rxe5 e2 58.Rd6 e1D 59.Rd7 Dd1+ 60.Rc8 Dc2 61.Tf6 Dxc6+ 62.Txc6+ Rxc6 63.g4 hxg4 64.h5 g3 65.h6 g2 66.h7 g1D 67.h8D Dg4+ 0-1


Ese mismo día, en casa de Félix Montoya, le pedí a su hemano que me dejase un buen libro de finales. Los finales de peones de Rey Ardid fue el primero en pasar por mi tablero. Hoy aún sigo estudiándolo de cuando en cuando. Falta me hace.

miércoles, 16 de julio de 2008

Tratado de buenas maneras en ajedrez III: Experiencias recientes


La experiencia es la madre de todos los conocimientos, por lo tanto, este Tratado de Buenas Maneras en Ajedrez merece que ilustremos con casos reales alguna de las situaciones digna de aparecer en esta serie de artículos.

TBM 3.1....El Alarido

Durante la disputa del Interclubs, pude ampliar mis conocimientos sobre la actitud humana ante una partida de ajedrez, y el comportamiento heterodoxo de algunos jugadores. Los antecedentes son los siguientes:

a) Juego contra un rival teóricamente superior a mi (unos 150 puntos ELO)

b) Le doy un soberano baño posicional. Estratégicamente la tengo ganada

c) Cerca de los apuros de tiempo, repito varias veces una maniobra forzada, pero intercalando jugadas de rey o peón cada dos jugadas para evitar que mi rival reclame tablas.



En el silencio de la sala (o sea que eran más tarde de las 18.00 horas, y los de la xaramita cana ya habían concluido el concierto vespertino-sabatino con el que amenizan nuestras partidas durante la apertura) todos concentrados, las cabezas inclinadas sobre los tableros, todavía ocho en juego, se erige majestuosa la figura de mi rival, que, levantándose de su asiento, con los brazos abiertos y las palmas hacia arriba en plan saludo papal, declama con potente voz y no menos dramatismo:

- TAAAAAAABBBBBBBBBLLLLLLLLLAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSS

Levanto la cabeza y veo al Cristo Redentor de Río de Janeiro, que me mira como poseso de un virus invacunable.

- Esto son tablas, has repetido esa jugada muchas veces, afirma.

- Ya, le contesto, pero enmedio he movido el rey y este peón, señalo cortés.

- Eso da igual, me replica. Leete el reglamento de la FIDE, eso son tablas.

No, claro, no eran tablas. Fue un rosco como una casa para mí. El genial visitante acabó sacándome de quicio. Y al resto de mi equipo también.


TBM 3.2: Composiciones de primavera

No se trata de ninguna sonata de Beethoven ni de ningún relato corto de Leon Tolstoi. Hablamos de un tic nervioso, a veces consciente a veces inconsciente, que obliga a quien lo padece a componer todas las piezas recién jugadas de su rival.

Hasta ahora lo hemos visto sólo en niños entre 12 y 14 años y, generalmente, contra jugadores veteranos que sobrepasan la cincuentena. Sistemáticamente, tras el movimiento de su rival, recolocan la pieza movida, con el soniquete repetido: "Compongo"

Hace poco, vi como en un tablero de cierto torneo en el que un servidor jugaba, una y otra vez, invariablemente, sucedía la misma escena, mientras el sufrido veterano iba acumulando tensión y estrés ante la mala praxis del bisoño rival.

Recomendamos el siguiente tratamiento:
a) Colocación incorrecta y voluntaria de las piezas, para que la composición de nuestro rival tenga objeto y finalidad. Asegurarse de que la mayor parte de la pieza está en el escaque de destino, no nos la cambien de casilla y la perdamos sin remedio.

b) Contraataque con ingesta de Doritos al ultraqueso de Cabrales, con masticación sonora y aromática. Molesta más que el compongo, e igual se da por aludido el compositor. Atenta contra estos principios de buenas maneras, pero es una solución de apaño.

c) Hacerse el sordo: ahora te comes mi pieza. He dicho compongo. No te he oido. Posibles efectos secundarios:
c1) Pérdida de credibilidad: en el fondo es una marranada hacerle esto al chaval.
c2) Riesgo de incentivar el canto tirolés: Al próximo compongo, te lo canta al estilo helvético, al canto gregoriano o te lo rapea a ritmo. Es muy molesto.
c3) Qué el púbere comience a colocar sus piezas mal y te amoneste por componer tú. Queda feo discutir con un niño.

d) Lo mejor: hacer ver al monitor del niño que no está haciendo bien su trabajo. Mucha siciliana, mucha india de rey, pero modales y educación, nada de nada. Y lo peor, es que los descorteses abundan. Y no sólo entre los más pequeños.

Estad atentos a las próximas entregas.

lunes, 14 de julio de 2008

Maestro Postal


Hace unos días, tras 28 años de práctica del ajedrez postal, he conseguido mi ascenso a la categoría de Maestro, de la Asociación Española de Ajedrez por Correspondencia. Me hace una ilusión especial, pues no deja de ser un premio a tantos años de juego, casi 1000 partidas, en el que tanto ha cambiado el mundo y, por lo tanto, el ajedrez postal. De las viejas tarjetas impresas, al actual webserver donde puedes jugar casi en tiempo real. De los antiguos blocs de posiciones, en los que las piezas de cartón acababan inservibles de tanto uso, y que te llevabas a todas partes, al chessbase de hoy en día. De los libros de aperturas de Máximo Borrell o Pachmann, pasando por las fotocopias de la carísima enciclopedia yugoslava, a las bases de datos con millones de partidas. De la consulta a compañeros que sabían más que tú, al análisis con Fritz, Shreeder, Rybka, Tiger o cualquier módulo que se pase por nuestro PC. La diferencia con tu rival sigue siendo la de siempre: uno mismo. Ahora, con tantas armas, es incluso más difícil decidirse por una jugada, y las horas de trabajo acaban contradiciendo al genio de silicio, y proponiendo alternativas que, algunas veces, las menos, corrigen el análisis del módulo.

Y resulta que de esta pequeña "hazaña" personal, se hace eco mi admirado y querido Juanjo Llavador, y me felicita en http://www.ajedrezvalenciano.com/ de esta guisa:


"ENHORABUENA A LUIS MARIA VIEITO Desde estas líneas quisiera felicitar a mi buen amigo Luis María por su reciente título de Maestro de Ajedrez Postal, el cual es la máxima distinción realizada por la ICCF en esta disciplina.Estimado Luis María, ahora sólo te falta jugar bien al ajedrez.Un abrazo tanto para Luis como para el resto de amigos del Club de Escacs Novelda.Juanjo Llavador."


"Sólo me falta jugar bien al ajedrez" No hombre, no. Jugar bien tiene que ser muy aburrido. A mi me gusta complicar la partida a toda costa. Qué la gente se ría de mis sacrificios absurdos, con tal de disfrutar de los buenos, que son muy pocos. Soy feliz cuando la cara de mi rival me dice que no entiende nada de lo que pasa sobre el tablero. Aunque me cueste una derrota. Jugar bien, no. Eso es muy difícil. Las buenas partidas me las guardo para jugarlas de tarde en tarde. Cuando toca.


Ajedrez, juego de reyes



Hoy leo, con una agradable sensación de sorpresa, la crónica que Rocío García Picazo escribe en la página http://www.ajedrezvalenciano.com/, sobre el campeonato de España sub-14 por equipos. Me ha llamado la atención, sobre todo, el párrafo siguiente, que cito de forma textual:



"Para terminar mi crónica, os pondré mi opinión particular, para mí, el Ajedrez es algo más que el tablero, somos un grupo de personas a las que nos gusta lo mismo. Los enemigos sólo están en el tablero, una vez acabada la partida, todos somos mejores o peores personas, pero siempre puede haber buenas amistades con cualquier persona de cualquier comunidad. Yo puedo presumir de que tengo muy buenos amigos/as en otras comunidades"


Qué una muchacha de catorce años haga pensar a un veterano resabiado de cuarenta y tres, dice mucho del sentido común de Rocío. Ayer mismo, uno andaba desanimado, dándole vueltas a la cabeza, tratando de comprender el porqué, a pesar de los esfuerzos que se le prestan al estudio del ajedrez, los resultados no dejan de ser vulgares, tanto deportiva como creativamente. La respuesta es clara, por supuesto: o no se estudia lo suficiente, o es que uno no da para más.

Entonces llega Rocío, y nos obliga a recomponer la figura, y volver a realizar un balance que pensábamos definitivo: siete lustros jugando al ajedrez, ¿Para qué? ¿Para, de vez en cuando, jugar alguna partida de la que sentirse orgulloso? ¿Para sentir la emoción de estar a punto de cuajar un buen torneo, y estropearlo en las últimas rondas, donde Caissa nos pone a cada uno en su lugar? Sí, quizás para esto, pero hay algo más. Recapitulando, uno se da cuenta de que en este largo camino no ha estado solo. Qué hay gente que lo ha recorrido a nuestro lado. Como dice Rocío, resulta que tenemos buenos amigos.

Presumo de la amistad de un triunvirato arbitral impagable. Éramos unos críos cuando nos conocimos. Y perdura.

A lo largo de mi andadura por el ajedrez postal, he conocido a muchísimas personas. Con alguna de ellas son más de 25 años de jugadas, conversación y tertulia.

Formo parte de una comunidad de locos encantadores, con los que comparto una afición común. Sí, seguramente los ajedrecistas somos egocéntricos, engreidos, pedantes, déspotas y cuantos calificativos sinónimos de los enumerados puedas recordar. Pero así sólo son unos cuantos que creen ser lo que su ELO dice. Hay muchísima gente que está esperando que la partida acabe para analizar contigo el tiempo que haga falta. O equipos (como API ELCHE hace dos temporadas) que tras ganarte una promoción de ascenso, tienen el detalle de compartir unas cañas con el derrotado, y encima pagarlas. Amigos para siempre, diría yo. O que, ganando 7-0, y con la última partida casi ganada, te ofrecen tablas deportivamente para evitar la masacre del 8-0. Villena se ganó así respeto eterno, al tratar como caballeros a nuestro equipo B.

Tengo la fortuna de gozar de contar entre mis conocidos, a varios Grandes Maestros que siempre me han tratado con respeto y cordialidad. Poder compartir momentos de ajedrez, y de no ajedrez, con ellos es un orgullo para mi.

Vivo en un club en el que compartimos buenos momentos. Con el ajedrez o con una cerveza de por medio. Y mi hija ha crecido en ese ambiente de camaradería y respeto que yo heredé de mis mayores y que los Guti, Pinos, Lucas, López, Sergio, han sabido trasladar a la actualidad, con la visión de los tiempos que corren. Y Ariadna ha hecho grandes amigos con un tablero de por medio. La misma Rocío, por ejemplo.


Todo ello es lo que, al final, permanece. Lo que convierte al ajedrez, y a cualquier deporte, en algo especial. Independientemente que, al sentarnos frente al tablero, olvidemos durante cincuenta jugadas que nuestro rival es nuestro amigo. Si el ajedrez no fuese más que la búsqueda de la victoria, entonces dejaría de ser, como es, un juego de Reyes en manos del pueblo llano.

domingo, 6 de julio de 2008

El mejor premio



Siempre me he sentido solo y aislado de la gente. Como me dijo un buen amigo hace muchos años, antes de que una famosa franquicia adoptara la frase para un anuncio de televisión, uno es, de alguna manera, una República Independiente. Supongo que, en realidad, todo ello no es más que el reflejo de una infancia y una juventud determinadas por la supervivencia y el ir cambiando frecuentemente de ciudad de residencia. Llegar a un sitio con casi doce años es complicado, y no resulta sencillo sentirse aceptado sin reservas. Esa suspicacia es innata en el desarraigo, y permanece, involuntariamente, en el subconsciente del que llega. Uno no acaba de encontrar su lugar, y el espíritu nómada perdura aún en los más insignificantes detalles. Porqué sinó errar de club en club de ajedrez (Castalla, Sax, Casino...) hasta encontrar la que creo que es mi verdadera casa (Escacs, claro). También me ha ocurrido en otras experiencias de mi vida. Estas quedan sólo para mi. La rebeldía vive a flor de piel, y no acaba de diluirse con la edad. Dicen que los gallegos somos suspicaces; que un gallego no protesta, emigra. Y mi otra nacionalidad, la noveldera, no puede con tal suspicacia.


Por ello, que mis compañeros de club hayan pensado siquiera en regalarme un reconocimiento que quizás no merezco, es algo más, para mi, que un sencillo homenaje. Es sentirme parte de algo, y aceptado por todos. En ese momento, cuando Nigel Short me entregaba la placa, no pensaba en la promoción y divulgación del ajedrez que decía el texto de la misma. No era eso lo que yo leía. Mi placa, realmente, decía: "Estamos aquí, y contamos contigo. Te escuchamos y te hablamos. Somos muchos, y tú eres uno mas de los nuestros"


Y no sólo eso: ahora hay muchos compañeros que quieren involucrarse en la marcha de nuestro querido Club Escacs. Amigos con ideas y con su propia forma de hacer las cosas. Esto me hace sentir algo importante, me hace sentir parte de un gran equipo, donde todos somos el capitán.


Gracias.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Tratado de buenas maneras en ajedrez II: Tics, gestos y manías.

Qué los ajedrecistas somos unos tipos raros, es de manual. No me extrañaría que, algún día, nos dedicasen un documental en el National Geographic, o en el Canal Natura y lo titulasen: "El Cortejo de la Presa" o también "Hipnosis sobre el tablero". Y es que ciertamente, no sólo tenemos que luchar contra las buenas jugadas de nuestros rivales, sino contra todo un crisol de danzas rituales, más propias de la cultura maorí que del noble arte del ajedrez.

Y todo puede empezar antes de sentarte a jugar. Miras el emparejamiento, tablero 31, blancas contra quien sea. Buscas en la sala de juego y encuentras tu sitio. Lo que no se vé es ni el tablero ni el reloj: coca cola, bocata, agua, aspirinas, el reloj de pulsera, el móvil apagado, el paquete de tabaco cerrado y el mechero, las llaves del coche, y una estampita de la Virgen de Lourdes, por si se aparece. Te sientas, le das la mano al tendero, y el hombre no te suelta, mientras busca azaroso las planillas: si estaban por aquí, afirma, mientras rebusca con la mano libre por debajo de la paradita.
- Si no te importa, le replicas, intentando recuperar la mano.

Aparecen las planillas, y uno rellena la suya. Como también albergo mis manías, pues procuro hacerlo con letra clara, colocando el bolígrafo siempre entre las dos columnas de jugadas. ¿Qué soy raro? Mi adversario saca un juego de seis rotuladores rötring, cada uno con un color de tinta y calibre distinto, y una regla milimetrada, con la que delinear las jugadas. El problema viene cuando concluye la partida, porque entre que no hay espacio para la firma, y que a uno le da pena hacer un garabato vulgar entre tanto arte gráfico, al final colaboras y le plantas un grafitti.

Prolegómenos finitos, comienza la partida. Juego 1.e4, con naturalidad, y pulso el botón de mi reloj, anotando a continuación la jugada en mi planilla, limpia y ordenada. Mi rival contesta. Por tiempos. Tiempo 1: Mano en alto, como pidiendo la palabra, con los dedos orientados hacia el tablero. La otra mano soportando el mentón, y la mirada fija en la pieza elegida. Este tiempo es el llamado ARRIBA PERISCOPIO.
Tiempo 2: Duda cartesiana: Con la mano aún extendida, el jugador realiza un ligero movimiento de rotación de su mano, con los dedos todavía mirando hacia las piezas. Este tiempo se denomina: ENROSCADO DE LA BOMBILLA o también HOMENAJE A RAPHAEL.
Tiempo 3: o ATAQUE DE LA PIEZA. La mano, como una babosa succionadora, sujeta la pieza con fuerza, y antes de separarla del tablero, la oprime contra él, como afianzando su localización.
Tiempo 4: Con un gesto rápido, potente, el jugador, con la pieza en la mano, vuelve al tiempo 1, pero con la mano hacia arriba, con el terciopelo del trebejo mirando al cielo. Es el movimiento llamado CABO CAÑAVERAL. Si el gesto es erróneo y la pieza se desprende de la mano, cayendo al suelo, el tiempo se denomina HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA.
Tiempo 5: La pieza es depositada en cualquiera de las casillas hábiles al efecto, con un firme giro rotatorio al tocar tierra. Es el FINIS TERRAE.

Como cualquier árbitro sabe, incluso aquellos que cuando actúan como jugadores lo hacen con el móvil encendido, la jugada no ha terminado. Falta apretar el reloj. Cuando la mano pierde contacto con la pieza, el jugador mira a su rival. Mentalmente recita su mantra: Oooooooooaaaaaaaaaaaaaammmmmmmmmmmm. Al mismo tiempo, y sin perder de vista los ojos del adversario, la mano, extendida y con la palma hacia el tablero, planea majestuosa en busca del maquiavélico mecanismo.
Uno, que ha observado todo el proceso con admiración, cuando ve completado el lance, no sabe si aplaudir, desmayarse, o pedirle un autógrafo al artista, al tiempo que grita EL AUTOR, EL AUTOR.

Notas aclaratorias:
1: Cualquier parecido con la realidad, puede no ser pura coincidencia.
2: Este artículo puede estar basado en hechos reales.
3: No abusar de su lectura, puede ocasionar gestodependencia.

martes, 25 de marzo de 2008

La jugada perfecta


Tal y como nos enseña Kasparov en su libro "Cómo la vida imita al ajedrez", tanto una como otro, acaba asignándonos nuestro lugar, acorde, generalmente, a nuestras capacidades, deseos y esfuerzos. Luego, el resultado quizás no sea siempre el esperado, pero los gestos, costumbres, hábitos y rutinas se repiten año tras año, y a condición de que estos no varíen, salvo que lo hagan para una evidente mejoría, la cosecha será más o menos satisfactoria.

Uno se educó ajedrecísticamente a base de palos. No tuvimos la suerte de que alguien nos explicara los temas tácticos o estratégicos, así que nos tuvimos que encomendar a los libros de la Editorial Bruguera y al prolífico autor Fred Reinfeld, firmante de obras, alguna de ellas excelente, otras infumables. Nuestros mayores no estaban para darnos clase, y los de nuestra generación tuvimos que buscarnos fuentes de donde beber.

Pronto tomamos los jóvenes la responsabilidad del equipo patrio. En los años ochenta, un grupo de jóvenes representábamos, en aquel entonces, al Club de Ajedrez Casino de Novelda, hasta la fundación del Club Escacs Novelda en 1987, sin más bagaje que el procurado por nosotros mismos. José Luis Abellot, Rogelio Miralles, Diego Jiménez, José Antonio Pina, y un servidor, recorríamos la provincia capitaneados por Félix José Montoya. Era un primer tablero majestuoso, sólido, que nos conocía a todos y cada uno de nosotros perfectamente, y sabía sacar lo mejor de sus compañeros. No ansiaba su lugar, no envidiaba su primer tablero. El ajedrez me había dejado un espacio, el mío. Estar ahí me hacía mejor. Mucho mejor.
Para mí era aún más especial. Eramos verdaderos amigos, desde niños. Levantar la cabeza, y verlo en el primer tablero me daba una seguridad que he tardado mucho en recobrar. Él confiaba en que mi ajedrez era algo más que sacrificios más o menos dudosos o posiciones complicadas a ultranza. Sabía, tras tantas horas de tablero en común, que yo era capaz de jugar buenas partidas que fueran útiles al equipo. Fue una gran época.

De ella sobrevivimos en activo Abellot y yo. Ahora ya no pertenecemos a un equipo en el que éramos los más jóvenes. Hoy somos los veteranos. Pero yo sigo mirando hacia el primer tablero. Junto a mi, grandes jugadores y excelentes personas: Lucas, Pinos, López. También nuevas generaciones que nos animan a seguir adelante: Sonia, Ana, Laura, Camacho. Y los más jóvenes, que algo aprenderán de nosotros: José Manuel, Juan Pedro, Antonio y mi hija, Ariadna. No sé dónde mirarán ellos, en qué o en quien se apoyarán cuando se sientan inseguros, o les asalte la duda. Todos estamos allí para ayudarles. Yo sigo mirando al primero. Al que siempre creo. Félix ya no está. Guti sí. Poco se tienen que envidiar. Ya quisiera yo jugar como ellos. Los dos me han hecho mejor de lo que era. Los dos me han dejado mi sitio.

Y Lucas.

Y López.

Y Pinos.

Y Abellot.

Y Sonia.

Y Ana.

Y mi hija, que me enseña ajedrez, en lugar de ser al revés.

Y cerebrín (nunca dejes de pensar que te quedan cosas por hacer).

Y todos los que me dejais aprender de vosotros.


Gracias, porque no estamos solos cuando movemos una pieza. La movemos todos.

Juntos la haremos: La jugada pefecta.


lunes, 24 de marzo de 2008

Mis amigos del alma I: Clase magistral de arbitraje en La Roda

El ajedrez nos ofrece momentos impagables, sea bien por las satisfacciones propiamente deportivas, bien por esos instantes compartidos con buenos amigos. Este año no tuve ocasión de participar en el Open Internacional de La Roda, donde encontrarme con tanta gente conocida y apreciada. No es un secreto que Juanjo (Llavador), Ana (Pastor) y Rafa (Del Valle, claro) son un grupo de amigos del que me precio formar parte. Juanjo y Ana estuvieron en La Roda. Rafa y yo, desgraciadamente no. El día de la última ronda, domingo 23, visité el torneo para estar unas horas con mis compañeros de club, Guti, Ana, José Manuel y mi hija Ariadna. Fue una jornada entrañable, entre la nostalgia por no haber jugado y la alegría por ver a los cuatro contentos, aunque cansados.
La última ronda nos obsequió con uno de los mejores momentos del torneo. Tras 25 minutos transcurridos de la misma, con un silencio casi absoluto en la sala, los visitantes del Club Escacs observábamos de forma panorámica la sala de juego, tranquilamente sentados, pues aún las posiciones no eran demasiado interesantes. Sobre el leve murmullo general, apenas audible, se alza majestuoso un sonido conocido: MÓVIL A LA VISTA.
Las cabezas de los espectadores semejan periscopios submarinos, buscando al propietario del utensilio. Sin duda, el receptor, avergonzado, busca con disimulo el botón que silencie el tono. Incertidumbre. Mi mujer me mira, inquisidora, valorando el origen del sonido: ¿No será Ana? No creo, le respondo. Roja, rubicunda, irritada, la referee alcoyana viene hacia mi, con paso ligero, militar, y el arma homicida en la mano. Repite una frase corta, casi una sentencia: LO MATO, LO MATO. No me hace falta preguntar, pues seguidamente completa: A Del Valle. La opinión general es unánime, la trencilla alcoyana no esperará la reclamación de su rival: en efecto, abandona inmediatamente. El adversario, un infante, no da crédito cuando le decimos: es árbitro. Pues vaya ejemplo, un árbitro con el móvil encendido. Lo que ya no le contamos es que el llamante también lo es. Una inventigación posterior demostró que el gran Del Valle también llamó a Juanjo Llavador. Por suerte, el emigrante albaceteño sí había apagado el celular.
Demos gracias.

jueves, 28 de febrero de 2008

¿Qué es el ajedrez?





Pregunta repetida e irresoluble, como todas las grandes cuestiones de la Humanidad. Grandes Maestros, míticos algunos, han plasmado para la posteridad sus reflexiones sobre el tema. Todos y cada uno de quienes jugamos, o han jugado, al ajedrez, tendrá su propia respuesta. Compararlo con la vida, es una tentación que los más grandes no han podido eludir: desde "El ajedrez es como la vida" de Spassky, hasta "El ajedrez es mi vida" de Korchnoi, pasando por el más tajante de los tres, "El ajedrez es la vida" del inolvidable Bobby Fischer. Loas como la de Lenin, buscan una resolución menos vital de la definición: "El ajedrez es la gimnasia de la mente" o la de Göethe: "El ajedrez es la vara de medir el intelecto humano". Gary Kasparov dijo que es el deporte más violento que existe. O Tolia Karpov que el ajedrez es un arte.



Todo esto está muy bien. Grandes frases. Hermosos pensamientos que nos encaminan hacia una Filosofía del tablero, en la que, quizás, podamos tener algo que decir. Pero sería humillante para nuestro juego, que su definición, o los sentimientos que despierta, fuesen resumibles en un aforismo. Esfuerzo, estudio, dedicación, creación, técnica, inspiración, gozo, desilusíón, expectativas, confianza, tenacidad. Todo ello forma parte de los sesenta y cuatro escaques. Entre las líneas del tablero, anda esa definición que buscamos. Sin máscaras. Sin engaños. El estafador es traicionado por la verdad de la jugada correcta. Del plan correcto. De la combinación correcta. Cada posición se calcula, se valora, se siente. Cada partida de nuestros Precedesores, es recorrida minuciosamente, en una mezcla de éxtasis y estudio. El riesgo que se decide correr, o la ventaja que se materializa. El ataque a pecho descubierto o la defensa numantina.



El ajedrez iguala generaciones. Jóvenes y ancianos, iguales ante el tablero. Ímpetu contra sabiduría. Como en la vida.



Si, todo igual. Con una excepción: la vida acaba con la muerte. El ajedrez no.



lunes, 25 de febrero de 2008

Tratado de buenas maneras en Ajedrez I

Vivimos en un tiempo en el que los buenos modales no andan a la última. Pareciera que un comportamiento cortés o educado, se valore como trasnochado en este joven siglo XXI. El Ajedrez no se libra de este mal gusto generalizado que, de momento con más pena que gloria, los reglamentos tratan de eliminar. Anda el asunto del apretón de manos al comenzar y concluir la partida, entre los más polémicos del momento. Todo comenzó con el match Kramnik-Topalov, cuando el búlgaro acusó a Vladimir de usar el aseo como sala de análisis con PC. Al final, el tema concluyó con un monumental escándalo y los dos rivales evitando, aún hoy, darse la mano. La Federación Internacional de Ajedrez, a raiz de ello, incluyó en sus normas que negarse a dar la mano supodría la pérdida de la partida. Claro, si los dos están de acuerdo en no saludarse, pues no hay sanción. Mala ley, entonces. Cheparinov a punto estuvo de perder contra Short por tal villanía. Casualidad: el mánager de este último negador de manos es el mismo que el de Topalov, o sea, Danailov.

Ya podemos enumerar una norma de buenas maneras en ajedrez:

NORMA 1: Darás la mano, o aceptarás la de tu rival, al comenzar y al terminar la partida.

COROLARIO 1: A ser posible un apretón dentro de los límites de lo razonable: o sea, ni una mano blanda tipo babosa, ni una tipo del centro de Bilbao, que le trastorne los huesos propios de la mano al rival de turno.

COROLARIO 2: Si tu estás sentado para comenzar la partida, y tu rival llega con algo de retraso, puedes hacer como que te levantas para saludarle, aunque no completes la jugada. Viste mucho, y da buena impresión.


A otra especie de mal gusto pertenecen los que realizan sus movimientos de pie, como sin molestarse. Generalmente se trata de jóvenes mal orientados, que piensan que su chulería les concede cierto nivel. Efectivamente, nivel sí que otorga, pero no ajedrecístico precisamente. Más bien de idiotez. Lo curioso, es que nunca juegan así cuando están perdidos, sólo cuando llevan ventaja. No conozco ejemplos entre los Grandes Maestros (salvo cuando dan simultáneas, pero es que sería un rollo sentarse y levantarse unas 800 veces por sesión), pero sí unos cuantos entre los jóvenes alicantinos. Esto nos permite pasar a la norma 2:


NORMA 2: Jugada de ajedrez es el movimiento de una pieza sobre el tablero cuando la distancia entre el asiento del jugador y su culo es una sucesión que tiende a 0.

EXCEPCIÓN 1: Impedimentas físicas: se permite el uso de flotadores para aliviar la zona. Entonces la distancia entre los puntos de la sucesión es equivalente a lo hinchado que esté el flotador.

EXCEPCIÓN 2: Llamada el síndrome de Anthony Miles, genial jugador británico, ya desparecido, que tuvo que jugar acostado durante un torneo, por una dolencia de espalda.

Como colofón a la sesión educacional de hoy, vamos a hablar del Avituallamiento en Partida. Hay de varios tipos:


a) Nervioso-Compulsivo: Comedor de caramelos, chupa chups, chicles y otras golosinas, generalmente envueltas con papel ruidoso, y que generan un molesto sonido succionador al ser consumidas.


b) Bebidas gaseosas e/o isotónicas: Síndrome del corredor de Maratón. Hidratación por líquidos. Generalmente personas educadas, sólo molestan al destapar el bote. A veces se produce una breve aspersión, que puede mojar a los del entorno, sobre todo si el bebedor es nervioso, y ha agitado el envase imprudentemente.


c) Bocata: viene envuelto en papel de aluminio. Resulta molesta su apertura, que suele coincidir con el tiempo de reflexión del rival. Provoca un proceso geológico llamado "Mar de migas", que obliga al limpiado del tablero repetidas veces.


Con estos presupuestos, enumeramos la tercera norma de buenas maneras

NORMA 3: Comer podrás, pero al rival no molestarás. Lo mismo para los bebedizos.

COROLARIO 1: El bocata, o bebida, deberán estar visibles desde el inicio de la partida, y no ser proporcionados durante la misma por un tercero, para evitar mensajes cifrados, dependiendo del sabor, color, tamaño o ingredientes del refrigerio. Recordemos las instrucciones que recibía Karpov en Baguío 78, dependiendo del color de su yogourt.

COROLARIO 2: Manchar la planilla con aceite es jugada ilegal. Dos manchas, pierde la partida. Si el aceite es de oliva, se permite una mancha más.

Seguiremos con nuestro tratado de buenas maneras en próximas entregas. Hasta entonces, nombramos caballero de honor de las buenas maneras al GM Húngaro PETER LEKO, verdadero gentleman del tablero.





martes, 19 de febrero de 2008

Reyes sin corona




Indeleblemente, desde siempre, he sentido una especial simpatía por aquellos ajedrecistas que, demostrando una maestría indiscutible, no han visto premiado su talento con el título de Campeón del Mundo. La primera muestra de ello fue mi predilección por Viktor Korchnoi, en sus enfrentamientos con Anatoly Karpov en 1978 y 1981. Ignoro cuál hubiera sido mi actitud hacia él, en el caso de haber vencido en alguno de esos matches. Aún hoy, es uno de mis favoritos, tanto por este singular Sindrome de Estocolmo, como por la pasión que siente al sentarse frente al tablero a sus tan bien llevados 77 años.
Con el tiempo, cayó en mis manos un libro que se convirtió en mi Biblia ajedrecística, y todavía lo es: Mi estilo en ajedrez, de Paul Keres. La descripción que Ricardo Aguilera relata del jugador estonio es un tratado de caballerosidad ante el tablero. Sus partidas, comentadas con total humildad, transmiten la sabiduría de un Gran Maestro inigualable. No en vano, tanto Korchnoi como Spassky lo consideran como el mejor jugador del mundo en los años 40 y 50, por encima del consagrado Botvinnik.
No quedó ahí mi particular círculo de amistades sin corona. Al tiempo, llegó a mis manos un librito que, de ninguna manera, presentaba a priori, un atractivo especial: La Partida de Ajedrez, de Akiba Rubinstein. Bastó la primera de ellas, Rotlewi-Rubinstein, Lodz 1907, para que añadiera al Gran Akiba a mi nómina de favoritos sin dudarlo. No fue partidario Rubinstein de comentar sus propias partidas, pero sí otros grandes jugadores que valoraban su fuerza: Alekhine, Schlechter, Reti, Tarrasch, Kmoch, Capablanca, Fine y, más recientemente, Kasparov.
Ahora ando a la búsqueda de un príncipe contemporáneo: Akiba, Keres y Korchnoi llenan el siglo XX. Este nuevo siglo, quizás, comience con otro genio incomprendido: Ivanchuk. Pero esto, sólo el tiempo lo dirá.
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