martes, 29 de julio de 2008

Los tres deseos

Cuando el GM Nigel Short nos visitó el pasado mes de Junio,
tuve la fortuna de recibir tres regalos inesperados.


Del primero de ellos ya hablamos en este blog, y llegó de parte de mis compañeros de club.

El segundo alimentó mi vanidad, al observar el GM británico mi brillante juego táctico durante nuestra partida. Claro que este regalo recuerda más bien al carbón de los Reyes Magos, pues lo efectista de mis dos sacrificios quedó en nada al ser ignorados por el Maestro.

El tercero es un pequeño tesoro.


Mientras preparábamos la visita de Short, el GM Alfonso Romero y yo hablamos largo y tendido en varias ocasiones sobre nuestro ilustre visitante. Romero me recordó una partida que Short había ganado a Jaan Timman, en 1991.


Lo original de la misma, radicaba en la increíble incorporación del rey blanco al ataque de mate contra el monarca enemigo, en una posición total de medio juego. La partida en cuestión la publicamos en la web de nuestro club, con unos breves comentarios basados en las notas de Short en el Informator 53.

La posición crítica es la siguiente:



30.h4 h5 31.Rh2 Tc8? Probablemente el error definitivo. Ahora Short incorporará una pieza más al ataque: el rey [Es única 31...Ac8! 32.g4 hxg4 33.Cg5 g3+ 34.fxg3 (34.Rxg3 Axd7 35.Rh2!! Y el blanco gana. Análisis de Speelman.) 34...Ab7 35.Ce4 Dxa4 36.h5 Dxc2+ 37.Cf2 gxh5 38.Td3 Ae4 39.Td2 Db1 40.Td1 Dc2 41.T7d2 Dxc4 42.Td4 ] 32.Rg3! El monarca campará por las casillas negras sin ninguna oposición. 32...Tce8 33.Rf4! Ac8 34.Rg5 y el mate en pocas es inevitable. Una fantástica producción del gran maestro británico, contra un rival muy solvente. 1-0



Hasta aquí, no cabe más que admirar el juego de Nigel, y soñar con poder llevar a cabo, algún día, una maniobra similar. Uno cree que la partida es perfecta, que Short ha sido capaz de pergeñar un plan irrevocable.



Durante la comida tras la simultánea, acerqué a Short el Informator 54, donde esta partida aparece como la mejor del volumen anterior, para que me la firmara. Cogió el libro, deteniéndose unos instantes a pensar. Firmó la partida, y a continuación añadió una variante, hasta ahora desconocida.





30.Ch4!! con idea de f3, seguido de Cg6!! hg6 y Th4 mate.


Como en el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa, tres regalos, sólo tres. Sí, tres nada más, pero dos de ellos involvidables.


Gracias a Nigel. Y a mis compañeros del Club Escacs.

sábado, 26 de julio de 2008

El amigo Paul I: Keres-Fischer, Curaçao 1962.


Si El Gran Akiba fue el mejor jugador del mundo durante el primer cuarto del siglo XX, Paul Keres ocupó su lugar entre los años 30 y los 60. El hecho de que tanto Spassky, en una entrevista publicada en Peón de Rey, como Korchnoi, en su visita a Novelda en 2007, consideraran al estonio como un jugador muchísimo más fuerte que Botvinnik, Smyslov, Petrosian o Thal, no hace más que afirmar nuestra opinión. Los dos han compartido torneos, análisis y, sobre todo, Olimpiadas, donde ser tomar consciencia de la verdadera fuerza de Keres.

Puede resultar paradójico, pero una de las partidas que más me llamó la antención de Paul Keres, fue una que acabó en tablas. Aún no había leído su genial "Mi estilo en ajedrez", aunque de todas formas esta partida no aparece en él. Pero si lo hace en el libro "Bobby Fischer, su vida y partidas" de Pablo Morán, colección Escaques, que los hermanos Montoya me dejaron repetidas veces. Leí las partidas de ese libro en varias ocasiones, y al igual que me pasó con Korchnoi, la partida contra Keres no me atrajo especialmente. No fue hasta varios años después, una vez despertó mi interés por los finales, cuando reparé en ella, ahora en "Mis sesenta mejores partidas" del propio Bobby Fischer. Creo que en sus comentarios a la partida, Bobby demuestra su sincera admiración por Keres. La posición, desde luego, es endiablada:




Juega el blanco. Parece imposible que pueda impedir la coronación de la segunda dama negra. Fischer reconoce que, prácticamente, esperaba que Keres se rindiera. Nada más lejos de la realidad. El genio tenía algo que decir.

72.De5!!
Una jugada digna de un estudio. El negro ni siquiera intenta impedir la promoción del peón.
No valía 72.Af5+ Dxf5 73.Dxg2 Df4+! 74.Dg4 (74.Rh3 Dh6+!) 74...Dxg4+ 75.Rxg4 Rg6! y el final de peones se gana.
Bobby se resigna a lo evidente, Paul encontró la salvación. Milagrosa, sí, pero salvación. Veamos como continuó la partida:
72...Dh1+
[si 72...Df2+ 73.Rh3 g1D (73...g1C+ 74.Rg4=) 74.Af5+ Rh6 (74...Dxf5+ 75.Dxf5+ Dg6 76.Dxg6+ Rxg6 77.Rg4=) 75.Df6+ Rh5 76.Ag6+! Dxg6 77.Dg5+!! Rxg5=]
73.Ah3
Puede parecer que nada impide ahora al negro promocionar dama, pero esto es tabú, pues llevaría a tablas forzadas con:

73...g1D 74.Dh5+ Rg7 75.Dg6+!= y o bien el blanco tiene jaque perpetuo, o bien tablas por ahogado. ¡Increible! Como ocurre a menudo, lo mejor en los análisis.

Fischer capturó en h3


73..., Dxh3+74.Rxh3 g1D 75.De7+ Rh8 76.Df8+ Rh7 77.Df7+


Y se firmó la paz. Como dijo Larry Evans, las jugadas de Keres parecen surgir de una varita mágica.


Por supuesto: es que era un mago.

jueves, 24 de julio de 2008

El Gran Akiba I: Rotlewi-Rubinstein, Lodz 1907

Hay partidas que nos influyen de una manera determinante en nuestra forma de entender el ajedrez. Y no me refiero a la comprensión como medio para alcanzar un nivel ajedrecístico, sino al entendimiento del juego en todas sus facetas, independientemente de nuestra fuerza como jugadores. La que vimos anteriormente, entre Christiansen y Korchnoi fue una de ellas. La de hoy representa la carta de presentación de quien ocupa el primer lugar de mis preferencias, y a quien va dedicado este blog: Akiba Kielelewich Rubinstein, sin duda el mejor jugador del primer cuarto del siglo XX. Su partida contra Rotlewi es todo un modelo de ejecución táctica de un plan estratégico bien concebido. Desviación, sobrecarga, ataque sobre columnas y diagonales (la geometría del tablero, en suma), tiempo contra materia, son varios de los temas tácticos empleados por Akiba en esta partida. La primera posición importante, se produce recién acabada la apertura:

En verdad, había estudiado esta partida innumerables veces, y nunca había reparado en esta posición. Aparentemente está igualada. Pero Akiba, que comentaba con austeridad sus partidas, nos hace reflexionar sobre lo que ocurre sobre el tablero:

"Se ha llegado a una posición simétrica, salvo que la torre negra del flanco de rey ya está en juego, mientras que la blanca aún se encuentra en f1. Además le toca jugar al negro, por lo que la iniciativa le corresponde. Está claro que las blancas han jugado con imprecisión la apertura"


Cuando lees este comentario, no vuelves a ver la posición con los mismos ojos. Es la cristalización de la sutileza. No nos habla de un ataque sobre el rey, ni sobre puntos débiles o fuertes. Nos habla de tiempos, de la potencialidad de la posición. Akiba continúa la lección con su alto magisterio.


Dama amenazada. Alfil amenazado. Caballo necesitado de defensa. Dicho así, la posición negra pareciera un desastre. Akiba resume su siguiente jugada con un lacónico: "en realidad el secreto ha consistido en eliminar la pieza defensora"


La base de la defensa blanca es el alfil de e4. Si éste cae, su posición se verá comprometida. Primer defensor, el caballo de c3. Entonces, no cabe otra que 22...., Tc3!!


El blanco tiene poco donde elegir. Tomar el caballo lleva al mate: 23.Ac3, Ae4. Tomar el alfil de b7, tampoco arregla nada: 23.Ab7, Tg3 y el ataque sigue implacable. Rotlewi capturó la dama.


¿Y ahora qué? Siguiendo las instrucciones de Akiba, habría que seguir minando la defensa del alfil de e4. ¿Cuál es su único defensor? La dama. Pues, vamos por ella.

23. ..., Td2!!

Rubinstein tuvo que tener prevista esta jugada cuando realizó su jugada 20..., Cg4. O incluso antes. Da la impresión de que nada puede cambiarse de lugar. Que ninguna jugada es superflua.

Ahora, Rotlewi, no puede evitar el desastre.

24.Dd2, Ae4 25.Dg2, Th3!! y el blanco abandonó.

Creo que todos entendereis el porqué es una de mis partidas favoritas. Qué el Gran Akiba nos inspire.

jueves, 17 de julio de 2008

Viktor El Terrible I: Christiansen, L-Korchnoi, V - Linares 1979















Qué los finales son la parte de la partida de ajedrez que más me gusta estudiar, no es ningún secreto para quienes me conocen bien. Las posiciones con pocas piezas, en general, y los finales en particular, (ambas situaciones no siempre son sinónimas) representan la esencia de nuestro juego, donde cada pieza muestra sus virtudes y carencias, más que en cualesquiera otras facetas de la partida. Al no estar rodeados de cómplices, cada uno de los trebejos restantes ha de valerse por si mismo, enfrentándose a estructuras de peones, casillas fuertes y débiles, iniciativas u otros conceptos ajedrecísticos, sin más ayuda que sus propias capacidades. Desde hace muchos años que estudiar este tipo de posiciones me resulta muy divertido, mucho más, desde luego, que dedicar mi tiempo a las aperturas o a posiciones de medio juego con casi todas las piezas sobre el tablero.
Esto, desde luego, no siempre fue así. Al comienzo de mi afición, los finales los veía como algo aburrido, árido, teórico y mecánico. Además de dificilísimos de aprender. Esto último no ha cambiado, sigo entendiendo la gran dificultad de jugar un buen final. Pero hoy en día, desde hace ya años, mi visión de los finales es, desde luego, más complaciente. Podría decir que este giro se debe a mi mayor comprensión del ajedrez. Así quedaría como un erudito, además de como un pedante mentiroso. La culpa fue de Viktor Korchnoi, y de una victoria suya contra Larry Christiansen, en el II Torneo de Linares, allá por el año 1979. La partida cayó en mis manos dos o tres años más tarde. Entonces no había internet, y no todos teníamos dinero, con 14 años, para comprar el Jaque, única revista española, que sólo se podía comprar por suscripción.

Korchnoi llegó a una posición que me llamó la atención.

Obviamente mi interés era totalmente superficial. ¿Qué peón llegará antes, el negro o el blanco? Era lo más cerca que había estado de un final hasta entonces. Mi cálculo fue simple: 53....,e3 54.c7, e2 55.c8=D, e1=D 56.Dc5, y mate rápido. Al seguir la partida de Korchnoi, descubrimos, éramos dos amigos leyéndola, otras formas de jugar el final distintas del arrebato de peones de tan inconscientes analistas:


53....,Td3 54.Re5, e3 55.Rf5

El negro no puede ganar, pensamos. Pierde este peón, y el de e no tiene mucha ayuda. Seguimos sorprendiéndonos.

55...., Td5 56.Rf4

Ahora el peón e de Korchnoi está perdido. Si avanza, la torre irá a la columna y caerá. Si lo defiende, la torre y el rey se harán con el peón. Entonces vino la jugada que me hizo comprender la magia de una posición con pocas piezas. A mi me gustaban las partidas de Thal o las de Fischer, porque había combinaciones, sacrificios. Partidas como las de Korchnoi, Karpov, Petrosian, eran aburridas y sin emociones. Claro está que no las entendíamos. Pero cuando vimos la siguiente jugada de Viktor, cambié de opinión rápidamente

56....Te5!! Dios mio!!!


Recuerdo que hasta dudamos para hacer la jugada. Creíamos que la revista estaba mal. Cuando reaccionamos, continuamos la reproducción de la partida. Un elogio de la sencillez....

57.Rxe5 e2 58.Rd6 e1D 59.Rd7 Dd1+ 60.Rc8 Dc2 61.Tf6 Dxc6+ 62.Txc6+ Rxc6 63.g4 hxg4 64.h5 g3 65.h6 g2 66.h7 g1D 67.h8D Dg4+ 0-1


Ese mismo día, en casa de Félix Montoya, le pedí a su hemano que me dejase un buen libro de finales. Los finales de peones de Rey Ardid fue el primero en pasar por mi tablero. Hoy aún sigo estudiándolo de cuando en cuando. Falta me hace.

miércoles, 16 de julio de 2008

Tratado de buenas maneras en ajedrez III: Experiencias recientes


La experiencia es la madre de todos los conocimientos, por lo tanto, este Tratado de Buenas Maneras en Ajedrez merece que ilustremos con casos reales alguna de las situaciones digna de aparecer en esta serie de artículos.

TBM 3.1....El Alarido

Durante la disputa del Interclubs, pude ampliar mis conocimientos sobre la actitud humana ante una partida de ajedrez, y el comportamiento heterodoxo de algunos jugadores. Los antecedentes son los siguientes:

a) Juego contra un rival teóricamente superior a mi (unos 150 puntos ELO)

b) Le doy un soberano baño posicional. Estratégicamente la tengo ganada

c) Cerca de los apuros de tiempo, repito varias veces una maniobra forzada, pero intercalando jugadas de rey o peón cada dos jugadas para evitar que mi rival reclame tablas.



En el silencio de la sala (o sea que eran más tarde de las 18.00 horas, y los de la xaramita cana ya habían concluido el concierto vespertino-sabatino con el que amenizan nuestras partidas durante la apertura) todos concentrados, las cabezas inclinadas sobre los tableros, todavía ocho en juego, se erige majestuosa la figura de mi rival, que, levantándose de su asiento, con los brazos abiertos y las palmas hacia arriba en plan saludo papal, declama con potente voz y no menos dramatismo:

- TAAAAAAABBBBBBBBBLLLLLLLLLAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSS

Levanto la cabeza y veo al Cristo Redentor de Río de Janeiro, que me mira como poseso de un virus invacunable.

- Esto son tablas, has repetido esa jugada muchas veces, afirma.

- Ya, le contesto, pero enmedio he movido el rey y este peón, señalo cortés.

- Eso da igual, me replica. Leete el reglamento de la FIDE, eso son tablas.

No, claro, no eran tablas. Fue un rosco como una casa para mí. El genial visitante acabó sacándome de quicio. Y al resto de mi equipo también.


TBM 3.2: Composiciones de primavera

No se trata de ninguna sonata de Beethoven ni de ningún relato corto de Leon Tolstoi. Hablamos de un tic nervioso, a veces consciente a veces inconsciente, que obliga a quien lo padece a componer todas las piezas recién jugadas de su rival.

Hasta ahora lo hemos visto sólo en niños entre 12 y 14 años y, generalmente, contra jugadores veteranos que sobrepasan la cincuentena. Sistemáticamente, tras el movimiento de su rival, recolocan la pieza movida, con el soniquete repetido: "Compongo"

Hace poco, vi como en un tablero de cierto torneo en el que un servidor jugaba, una y otra vez, invariablemente, sucedía la misma escena, mientras el sufrido veterano iba acumulando tensión y estrés ante la mala praxis del bisoño rival.

Recomendamos el siguiente tratamiento:
a) Colocación incorrecta y voluntaria de las piezas, para que la composición de nuestro rival tenga objeto y finalidad. Asegurarse de que la mayor parte de la pieza está en el escaque de destino, no nos la cambien de casilla y la perdamos sin remedio.

b) Contraataque con ingesta de Doritos al ultraqueso de Cabrales, con masticación sonora y aromática. Molesta más que el compongo, e igual se da por aludido el compositor. Atenta contra estos principios de buenas maneras, pero es una solución de apaño.

c) Hacerse el sordo: ahora te comes mi pieza. He dicho compongo. No te he oido. Posibles efectos secundarios:
c1) Pérdida de credibilidad: en el fondo es una marranada hacerle esto al chaval.
c2) Riesgo de incentivar el canto tirolés: Al próximo compongo, te lo canta al estilo helvético, al canto gregoriano o te lo rapea a ritmo. Es muy molesto.
c3) Qué el púbere comience a colocar sus piezas mal y te amoneste por componer tú. Queda feo discutir con un niño.

d) Lo mejor: hacer ver al monitor del niño que no está haciendo bien su trabajo. Mucha siciliana, mucha india de rey, pero modales y educación, nada de nada. Y lo peor, es que los descorteses abundan. Y no sólo entre los más pequeños.

Estad atentos a las próximas entregas.

lunes, 14 de julio de 2008

Maestro Postal


Hace unos días, tras 28 años de práctica del ajedrez postal, he conseguido mi ascenso a la categoría de Maestro, de la Asociación Española de Ajedrez por Correspondencia. Me hace una ilusión especial, pues no deja de ser un premio a tantos años de juego, casi 1000 partidas, en el que tanto ha cambiado el mundo y, por lo tanto, el ajedrez postal. De las viejas tarjetas impresas, al actual webserver donde puedes jugar casi en tiempo real. De los antiguos blocs de posiciones, en los que las piezas de cartón acababan inservibles de tanto uso, y que te llevabas a todas partes, al chessbase de hoy en día. De los libros de aperturas de Máximo Borrell o Pachmann, pasando por las fotocopias de la carísima enciclopedia yugoslava, a las bases de datos con millones de partidas. De la consulta a compañeros que sabían más que tú, al análisis con Fritz, Shreeder, Rybka, Tiger o cualquier módulo que se pase por nuestro PC. La diferencia con tu rival sigue siendo la de siempre: uno mismo. Ahora, con tantas armas, es incluso más difícil decidirse por una jugada, y las horas de trabajo acaban contradiciendo al genio de silicio, y proponiendo alternativas que, algunas veces, las menos, corrigen el análisis del módulo.

Y resulta que de esta pequeña "hazaña" personal, se hace eco mi admirado y querido Juanjo Llavador, y me felicita en http://www.ajedrezvalenciano.com/ de esta guisa:


"ENHORABUENA A LUIS MARIA VIEITO Desde estas líneas quisiera felicitar a mi buen amigo Luis María por su reciente título de Maestro de Ajedrez Postal, el cual es la máxima distinción realizada por la ICCF en esta disciplina.Estimado Luis María, ahora sólo te falta jugar bien al ajedrez.Un abrazo tanto para Luis como para el resto de amigos del Club de Escacs Novelda.Juanjo Llavador."


"Sólo me falta jugar bien al ajedrez" No hombre, no. Jugar bien tiene que ser muy aburrido. A mi me gusta complicar la partida a toda costa. Qué la gente se ría de mis sacrificios absurdos, con tal de disfrutar de los buenos, que son muy pocos. Soy feliz cuando la cara de mi rival me dice que no entiende nada de lo que pasa sobre el tablero. Aunque me cueste una derrota. Jugar bien, no. Eso es muy difícil. Las buenas partidas me las guardo para jugarlas de tarde en tarde. Cuando toca.


Ajedrez, juego de reyes



Hoy leo, con una agradable sensación de sorpresa, la crónica que Rocío García Picazo escribe en la página http://www.ajedrezvalenciano.com/, sobre el campeonato de España sub-14 por equipos. Me ha llamado la atención, sobre todo, el párrafo siguiente, que cito de forma textual:



"Para terminar mi crónica, os pondré mi opinión particular, para mí, el Ajedrez es algo más que el tablero, somos un grupo de personas a las que nos gusta lo mismo. Los enemigos sólo están en el tablero, una vez acabada la partida, todos somos mejores o peores personas, pero siempre puede haber buenas amistades con cualquier persona de cualquier comunidad. Yo puedo presumir de que tengo muy buenos amigos/as en otras comunidades"


Qué una muchacha de catorce años haga pensar a un veterano resabiado de cuarenta y tres, dice mucho del sentido común de Rocío. Ayer mismo, uno andaba desanimado, dándole vueltas a la cabeza, tratando de comprender el porqué, a pesar de los esfuerzos que se le prestan al estudio del ajedrez, los resultados no dejan de ser vulgares, tanto deportiva como creativamente. La respuesta es clara, por supuesto: o no se estudia lo suficiente, o es que uno no da para más.

Entonces llega Rocío, y nos obliga a recomponer la figura, y volver a realizar un balance que pensábamos definitivo: siete lustros jugando al ajedrez, ¿Para qué? ¿Para, de vez en cuando, jugar alguna partida de la que sentirse orgulloso? ¿Para sentir la emoción de estar a punto de cuajar un buen torneo, y estropearlo en las últimas rondas, donde Caissa nos pone a cada uno en su lugar? Sí, quizás para esto, pero hay algo más. Recapitulando, uno se da cuenta de que en este largo camino no ha estado solo. Qué hay gente que lo ha recorrido a nuestro lado. Como dice Rocío, resulta que tenemos buenos amigos.

Presumo de la amistad de un triunvirato arbitral impagable. Éramos unos críos cuando nos conocimos. Y perdura.

A lo largo de mi andadura por el ajedrez postal, he conocido a muchísimas personas. Con alguna de ellas son más de 25 años de jugadas, conversación y tertulia.

Formo parte de una comunidad de locos encantadores, con los que comparto una afición común. Sí, seguramente los ajedrecistas somos egocéntricos, engreidos, pedantes, déspotas y cuantos calificativos sinónimos de los enumerados puedas recordar. Pero así sólo son unos cuantos que creen ser lo que su ELO dice. Hay muchísima gente que está esperando que la partida acabe para analizar contigo el tiempo que haga falta. O equipos (como API ELCHE hace dos temporadas) que tras ganarte una promoción de ascenso, tienen el detalle de compartir unas cañas con el derrotado, y encima pagarlas. Amigos para siempre, diría yo. O que, ganando 7-0, y con la última partida casi ganada, te ofrecen tablas deportivamente para evitar la masacre del 8-0. Villena se ganó así respeto eterno, al tratar como caballeros a nuestro equipo B.

Tengo la fortuna de gozar de contar entre mis conocidos, a varios Grandes Maestros que siempre me han tratado con respeto y cordialidad. Poder compartir momentos de ajedrez, y de no ajedrez, con ellos es un orgullo para mi.

Vivo en un club en el que compartimos buenos momentos. Con el ajedrez o con una cerveza de por medio. Y mi hija ha crecido en ese ambiente de camaradería y respeto que yo heredé de mis mayores y que los Guti, Pinos, Lucas, López, Sergio, han sabido trasladar a la actualidad, con la visión de los tiempos que corren. Y Ariadna ha hecho grandes amigos con un tablero de por medio. La misma Rocío, por ejemplo.


Todo ello es lo que, al final, permanece. Lo que convierte al ajedrez, y a cualquier deporte, en algo especial. Independientemente que, al sentarnos frente al tablero, olvidemos durante cincuenta jugadas que nuestro rival es nuestro amigo. Si el ajedrez no fuese más que la búsqueda de la victoria, entonces dejaría de ser, como es, un juego de Reyes en manos del pueblo llano.

domingo, 6 de julio de 2008

El mejor premio



Siempre me he sentido solo y aislado de la gente. Como me dijo un buen amigo hace muchos años, antes de que una famosa franquicia adoptara la frase para un anuncio de televisión, uno es, de alguna manera, una República Independiente. Supongo que, en realidad, todo ello no es más que el reflejo de una infancia y una juventud determinadas por la supervivencia y el ir cambiando frecuentemente de ciudad de residencia. Llegar a un sitio con casi doce años es complicado, y no resulta sencillo sentirse aceptado sin reservas. Esa suspicacia es innata en el desarraigo, y permanece, involuntariamente, en el subconsciente del que llega. Uno no acaba de encontrar su lugar, y el espíritu nómada perdura aún en los más insignificantes detalles. Porqué sinó errar de club en club de ajedrez (Castalla, Sax, Casino...) hasta encontrar la que creo que es mi verdadera casa (Escacs, claro). También me ha ocurrido en otras experiencias de mi vida. Estas quedan sólo para mi. La rebeldía vive a flor de piel, y no acaba de diluirse con la edad. Dicen que los gallegos somos suspicaces; que un gallego no protesta, emigra. Y mi otra nacionalidad, la noveldera, no puede con tal suspicacia.


Por ello, que mis compañeros de club hayan pensado siquiera en regalarme un reconocimiento que quizás no merezco, es algo más, para mi, que un sencillo homenaje. Es sentirme parte de algo, y aceptado por todos. En ese momento, cuando Nigel Short me entregaba la placa, no pensaba en la promoción y divulgación del ajedrez que decía el texto de la misma. No era eso lo que yo leía. Mi placa, realmente, decía: "Estamos aquí, y contamos contigo. Te escuchamos y te hablamos. Somos muchos, y tú eres uno mas de los nuestros"


Y no sólo eso: ahora hay muchos compañeros que quieren involucrarse en la marcha de nuestro querido Club Escacs. Amigos con ideas y con su propia forma de hacer las cosas. Esto me hace sentir algo importante, me hace sentir parte de un gran equipo, donde todos somos el capitán.


Gracias.


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